Editorial
El jueves 7 de mayo de 2026, Donald Trump recibió en la Casa Blanca a Luiz Inácio Lula da Silva. El presidente de Brasil, líder de la izquierda latinoamericana, veterano de la política internacional, no fue a Washington a confrontar. Fue a negociar. "Brasil está preparado para discutir cualquier asunto con cualquier país del mundo: tarifas, comercio exterior, minerales críticos, combate al crimen organizado y al tráfico de drogas y de armas", declaró Lula al término de la reunión. "Nosotros no tenemos veto o asunto prohibido. La única cosa que no cedemos es de nuestra democracia y de nuestra soberanía". El pragmatismo como estrategia. El diálogo como herramienta. Sin aspavientos, sin cónclaves internos, sin llamados a la movilización de bases.
El contraste con la respuesta de Claudia Sheinbaum a la presión estadounidense es abismal. Mientras Lula se sentaba a la mesa con Trump, la presidenta mexicana encabezaba en Palacio Nacional un cónclave de tres horas con legisladores de Morena, PVEM y PT. El nombre del encuentro: "Por la soberanía nacional". El tema central: la historia de México, según confirmó Ricardo Monreal. Lo que no se discutió: la acusación de narcotráfico contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; la amenaza de nuevas listas de políticos mexicanos vinculados al crimen organizado; la "fase terrestre" anunciada por Trump. Sheinbaum instruyó a sus legisladores a salir a las calles a movilizar. Lula instruyó a sus ministros a seguir negociando.
— Este editorial es parte del expediente NARCUS, la investigación de Región Global sobre la captura criminal del Estado mexicano. —
Lula dio la espalda a Maduro. Sabe que el régimen venezolano es un lastre. Con Cuba se mantiene al margen. Sabe que el embargo y la crisis cubana no son su batalla. Con Petro sale en fotografías, pero no se agarran de la mano. Sabe que la retórica sin sustento no paga facturas. Lula no come lumbre. Lula tiene su propia agenda. Y esa agenda incluye mantener abiertos los canales de diálogo con Washington, incluso cuando hay diferencias profundas, incluso cuando Trump encarcela a sus aliados (Bolsonaro está condenado, pero Lula no hizo de eso un obstáculo insalvable).
México, entretanto, ha optado por una estrategia distinta: atrincherarse en un discurso soberanista que omite las pruebas documentales del indictment de Nueva York, que protege a los funcionarios acusados (Rocha Moya con licencia y seguridad adicional; Inzunza sin licencia; el yerno de Rocha en Pemex con protección presidencial), y que convierte la presión externa en un problema de "injerencia" en lugar de un problema de justicia. El senador Gerardo Fernández Noroña fue explícito: "Pueden hacer las listas que quieran; hay dos caminos: la defensa de la soberanía o el entreguismo". Para Noroña, cooperar con EE.UU. en narcotráfico es "entreguismo". El problema es que la región no lo ve así.
Brasil, Colombia, Ecuador, El Salvador —países con gobiernos de distintos signos— han mantenido canales de cooperación con Estados Unidos en seguridad y narcotráfico. Ninguno ha sido "entreguista" por ello. Todos han defendido su soberanía desde el diálogo, no desde la trinchera. Lula dejó claro que Brasil "no cede su soberanía". Pero también dejó claro que está dispuesto a discutir "cualquier asunto". Esa es la diferencia. México, por ahora, no está dispuesto a discutir el asunto que más duele: la captura criminal de su propio gobierno.
El expediente NARCUS ha documentado 32 reportajes sobre la narcopolítica en Sinaloa y sus ramificaciones en la cúpula de Morena. El reportaje 33 añade una dimensión geoestratégica: México se está quedando solo. No porque Estados Unidos lo aísle, sino porque su estrategia de "defensa de la soberanía" como escudo para no actuar contra sus propios narcopolíticos no es compartida por sus pares ideológicos. Lula no va a quemarse por Morena. Petro no va a enfrentar a Trump por Sheinbaum. La región está eligiendo el pragmatismo. México está eligiendo el atrincheramiento.
La pregunta final no es si Trump intervendrá. La pregunta es si México tendrá aliados cuando eso ocurra. Lula ya dio la señal: Brasil coopera, Brasil negocia, Brasil defiende su soberanía sin cerrar las puertas. Sheinbaum, por ahora, ha cerrado las puertas y ha llamado a sus legisladores a las calles. Las calles no detienen una "fase terrestre". Los aliados, tal vez sí. Pero los aliados se construyen con diálogo, no con cónclaves soberanistas que silencian el problema real. México está solo. Y la región lo está notando.
Fuente: Encuentro Trump-Lula en la Casa Blanca (7 de mayo de 2026). Declaraciones de Lula da Silva en su cuenta oficial. Cónclave "Por la soberanía nacional" en Palacio Nacional (7 de mayo de 2026). Declaraciones de Gerardo Fernández Noroña. Expediente NARCUS, reportajes 1-32.

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