Con una hora de retraso, la marcha de Morena en el centro de Chihuahua reunió a unas 1.500 personas —apenas el 0.5% del aforo esperado por la dirigencia—. Ariadna Montiel y Andy López Beltrán encabezaron la protesta contra la gobernadora Maru Campos, pero ni una sola mención tuvieron las acusaciones penales contra Rubén Rocha Moya.
CHIHUAHUA. — Pasadas las 17:00 horas de este sábado 16 de mayo, con una hora de retraso sobre lo previsto, la marcha de Morena en el centro de Chihuahua logró arrancar. No fue el despliegue de fuerza que la dirigencia nacional había prometido. En lugar de las 200 mil personas que el partido calculó como aforo esperado, una estimación realista habla de 1,500 asistentes. Entre ellos, chihuahuenses y acarreados de otras entidades. La desorganización fue visible desde el primer minuto. Los manifestantes se agolparon al frente del contingente sin una formación clara, las consignas se superponían y la calle “reventada” —intervenida por la administración estatal, según denunciaron— obligó a empujones para avanzar.
El punto de reunión fue el monumento a Pancho Villa. Ahí, los asistentes corearon “Maru entiende, la patria no se vende” y “Fuera Maru”. La consigna de “defensa de la soberanía nacional” —el mismo discurso que la presidenta Claudia Sheinbaum ha utilizado para proteger al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, de las acusaciones del Distrito Sur de Nueva York— se repitió hasta el cansancio. Pero lo que no se escuchó fue una sola mención a las acusaciones penales contra Rocha Moya y los otros nueve funcionarios indiciados por conspirar con el Cártel de Sinaloa. Ese silencio, en el contexto del expediente NARCUS que documenta la captura criminal del Estado, fue tan elocuente como los gritos.
La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, encabezó la marcha en todo momento. A su lado caminó la aspirante a la gubernatura, Andrea Sánchez. Detrás, prácticamente en silencio y con un semblante serio que rayaba en el agotamiento, avanzó Andy López Beltrán. El hijo del expresidente, que horas antes había sido recibido en el aeropuerto Roberto Fierro con gritos de “¡Fuera Morena!” y empujones entre sus escoltas y los manifestantes, no pronunció una sola consigna durante el recorrido. Los tres principales actores de la movilización mostraron un rostro cansado, con pocas expresiones de réplica a los gritos de los asistentes. La energía de la base militante contrastó con la fatiga de sus líderes.
La marcha avanzó entre empujones y consignas dispersas. Conforme el contingente caminaba, la concentración se desparramaba, se volvía a juntar y se volvía a dispersar. Algunos asistentes se quejaban del estado de la calle. El recorrido culminó frente al palacio del gobierno del estado, el mismo que ocupa la gobernadora panista Maru Campos, el objetivo central de la protesta. Ahí, Montiel tomó la palabra. Con una voz que se fue apagando conforme avanzaba el discurso, insistió en que los marchistas asistieron por voluntad propia, agradeció la presencia de Andy López Beltrán y prometió continuar con “la transformación que inició Andrés Manuel López Obrador”. Habló de juzgar a la gobernadora de Chihuahua, pero no dijo una sola palabra sobre Sinaloa, ni sobre los diez acusados, ni sobre el indictment que tiene en jaque al gobierno federal.
La cobertura mediática fue copiosa, como suele ocurrir con las movilizaciones oficialistas. Decenas de reporteros y fotógrafos registraron cada paso del contingente. Pero mientras el sol se apagaba y la sombra de la tarde comenzaba a caer sobre Chihuahua, los asistentes emprendieron el retiro. La marcha que Morena había planteado como un acto de fuerza territorial terminó convertida en un recordatorio de la distancia entre la retórica oficialista y la realidad. El partido que según el Poll of Polls 2027 sigue siendo primera fuerza en 13 de 17 gubernaturas no logró llenar ni una cuadra completa del centro de la capital chihuahuense. Y el silencio sobre Rocha Moya —el gobernador acusado por narcotráfico a quien la presidenta Sheinbaum decidió proteger— quedó grabado como la declaración más sincera de la tarde.



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