La explosión en la refinería Antonio Dovalí Jaime de Salina Cruz, Oaxaca, dejó un trabajador muerto y varios lesionados, en medio de cuestionamientos sobre seguridad industrial y mantenimiento en instalaciones de Pemex durante 2026.
SALINA CRUZ, OAXACA. — La explosión registrada el pasado 11 de mayo en la refinería “Antonio Dovalí Jaime” de Salina Cruz, Oaxaca, dejó ya una víctima mortal, luego de que Pemex confirmara el fallecimiento de uno de los trabajadores lesionados mientras era trasladado al Hospital Central Sur de Alta Especialidad, en la Ciudad de México.
Con esta actualización, el incidente dejó de ser únicamente un accidente con personas heridas para convertirse en un nuevo episodio fatal dentro del sistema de refinación de la empresa estatal, en un contexto marcado por cuestionamientos sobre seguridad industrial, mantenimiento y presión operativa en instalaciones estratégicas.
La explosión ocurrió en la torre de enfriamiento 05 de la planta Hidros II, donde un flamazo derivó en un incendio que inicialmente dejó seis personas lesionadas. Entre ellas se encontraban trabajadores de Pemex y empleados de compañías externas. Reportes locales señalaron que varias de las víctimas presentaban quemaduras de consideración.
En un comunicado difundido el 13 de mayo, la petrolera expresó “su total solidaridad con familiares y amigos” del trabajador fallecido y aseguró que brindará apoyo institucional a los deudos conforme a sus protocolos internos. La empresa también informó que el resto del personal afectado permanece bajo atención médica especializada y con monitoreo permanente.
Tras el incidente, autoridades de Oaxaca activaron protocolos de supervisión en colonias cercanas a la refinería para descartar afectaciones estructurales y riesgos a la población. El incendio fue controlado por personal de bomberos de Pemex y el gobierno estatal sostuvo que no existió peligro para las comunidades aledañas.
El accidente ocurre en un momento en que Pemex ha impulsado una estrategia de incremento en refinación y procesamiento de combustibles como parte de la política energética federal. Sin embargo, especialistas advierten que una mayor carga operativa en instalaciones con décadas de funcionamiento exige inversiones constantes en mantenimiento y seguridad industrial.
La explosión en Salina Cruz se suma a una cadena de incidentes recientes vinculados a infraestructura petrolera de la empresa estatal. En el complejo Cantarell, derrames de hidrocarburos evidenciaron fallas en ductos envejecidos; en Minatitlán, Veracruz, fugas en un pozo inactivo afectaron cuerpos de agua y actividades pesqueras; mientras que en Puerto Progreso, Yucatán, autoridades confirmaron una filtración en un ducto submarino en desuso.
En paralelo, Pemex reportó recientemente una reducción en pérdidas financieras y una disminución de deuda respaldada por apoyos fiscales y financieros del gobierno federal. No obstante, la empresa continúa enfrentando caída en producción petrolera, adeudos con proveedores y crecientes cuestionamientos sobre el estado de su infraestructura.
El fallecimiento del trabajador en Salina Cruz amplía la dimensión de los problemas operativos que enfrenta la petrolera estatal, al incorporar no sólo impactos ambientales y económicos, sino también consecuencias humanas derivadas de incidentes industriales en instalaciones clave para el suministro energético del país.


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