PAN, PRI y Movimiento Ciudadano coinciden en que la presidenta Claudia Sheinbaum utilizó su supuesto informe de dos años para movilizar a sus bases y construir una narrativa de complot externo. El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, acusa al gobierno de usar a la gente como “carne de cañón” para proteger a los “narcopolíticos de Morena”.

CDMX — El discurso que la presidenta Claudia Sheinbaum pronunció este domingo en el Monumento a la Revolución —con motivo de los dos años de su triunfo electoral— no convenció a la oposición. Mientras el oficialismo celebraba los logros de la Cuarta Transformación, PAN, PRI y Movimiento Ciudadano coincidieron en una misma lectura: el acto fue un mitin partidista disfrazado de rendición de cuentas, y su contenido reveló a una presidenta “desesperada” por los escándalos que enfrenta su administración, en particular el caso de los diez funcionarios de Sinaloa acusados por narcotráfico desde una corte de Nueva York.

“Vi una presidenta desesperada; más que un informe parecía un mitin para curarse en salud”, declaró Ruth Noemí Tiscareño Agoitia, presidenta estatal del PRI en Guanajuato y diputada local. La priista fue contundente: “Fue un informe, un mitin de puras mentiras. Nada de lo que dijo es cierto. En salud no hay medicinas ni medicamentos”. Su crítica más filosa apuntó a la contradicción entre el discurso oficial y la realidad observable: “Dice que en su gobierno no hay corrupción cuando vemos todo lo que hizo Bartlett, todo lo del huachicol”. También denunció el uso de recursos públicos para movilizar simpatizantes: “Vimos cómo llegaban cientos de camiones desde temprana hora. Están usando recursos públicos para mover a la gente porque ya no por sí solos podrían llenar las plazas”.

Desde el PAN, el diputado local Rolando Alcántar Rojas dijo que ni siquiera siguió el informe porque anticipaba un discurso de polarización. “Tenía claro que realmente era un mensaje de polarización, como ha terminado siendo, y un mensaje político más que de información”, sostuvo. El panista puso el dedo en la herida del sistema de salud: “El Hospital Regional de Alta Especialidad está totalmente destruido, desmantelado, sin equipo, sin material, sin personal y sin medicamentos”. Reconoció un solo acierto —el aumento al salario mínimo— pero calificó todo lo demás como “área de oportunidad” o llanamente destruido. “Desde seguridad, salud, infraestructura, campo, educación y desarrollo social, todo presenta deficiencias”, resumió.

Para Rodrigo González Zaragoza, coordinador estatal de Movimiento Ciudadano en Guanajuato, el mensaje presidencial fue “apresurado” y respondió más a la necesidad interna de Morena de fortalecer su imagen que a un balance objetivo del estado del país. “Las cifras de inseguridad pueden tener una narrativa de control, pero la mayoría de la población tiene otra percepción”, señaló. González Zaragoza también cuestionó la salud pública —”Las filas en el Seguro Social y en el ISSSTE siguen ahí”— y advirtió sobre el endeudamiento: “El país está endeudado, se está gastando dinero que no nos corresponde y el problema viene a la hora de pagar”.

Pero la reacción más encendida llegó desde la dirigencia nacional del PRI. Alejandro Moreno, conocido como Alito, publicó un mensaje en sus redes sociales en el que acusó al gobierno de Sheinbaum de haber “reventado” la negociación con Estados Unidos. “Es una vergüenza ver tanta torpeza del gobierno reventando su pobre negociación con nuestro aliado y socio estratégico, el Gobierno de los Estados Unidos”, escribió. Según Moreno, la convocatoria a movilizaciones en todas las plazas del país para confrontar el “fantasma del intervencionismo” es una mentira fabricada por “farsantes narcopolíticos de MORENA” para proteger a los suyos. “En vez de combatir a los criminales y cuidar la relación con nuestro principal socio comercial, tensan el escenario y usan a la gente como carne de cañón para defender lo indefendible y ganar tiempo”, sentenció el líder priista.

El diagnóstico de la oposición —coordinado en el discurso, aunque no necesariamente en la acción— apunta a un mismo punto: el gobierno de Sheinbaum ha optado por la movilización callejera y la narrativa de complot externo como respuesta a las acusaciones de narcotráfico que pesan sobre funcionarios morenistas, en lugar de fortalecer instituciones como la Fiscalía General de la República o cumplir con las solicitudes de extradición. “Este país no le pertenece a los narcopolíticos de MORENA ni a quienes pactan con los cárteles del crimen organizado”, advirtió Moreno, cerrando con un llamado a la batalla: “¡El PRI dará la batalla de frente, con firmeza y hasta el final!”

El discurso de Sheinbaum del 31 de mayo —que Región Global documentó como un acto de siete riesgos democráticos: desplazamiento del debate jurídico, narrativa de complot sin pruebas, equiparación de crítica con manipulación, ampliación de la soberanía como escudo, movilización callejera como sustituto de acción institucional, selectividad en la defensa de la soberanía y normalización de la idea de que toda crítica externa es injerencia— ha conseguido al menos una cosa: unificar a la oposición en su rechazo. PAN, PRI y MC coinciden. No es poca cosa en un sistema de partidos fracturado. El 1 de junio, mientras la CNTE inicia su huelga nacional y el negociador comercial de Estados Unidos revela la postura oficial sobre el T-MEC, la pregunta que queda flotando es si esa coincidencia crítica se traducirá en acción política coordinada o se quedará en un coro de denuncias sin consecuencias.

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