Keiko Fujimori y Roberto Sánchez disputarán la Presidencia de Perú en segunda vuelta el próximo 7 de junio, tras una elección fragmentada marcada por denuncias de fraude, voto de castigo y desgaste político.
LIMA. — Perú vuelve a quedar atrapado entre dos proyectos políticos que dividen profundamente al país. El Jurado Nacional de Elecciones oficializó este domingo que la derechista Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, y el izquierdista Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú y cercano al expresidente encarcelado Pedro Castillo, disputarán la Presidencia en una segunda vuelta programada para el 7 de junio.
La definición reabre una fractura política que Perú arrastra desde hace más de una década: el enfrentamiento entre el fujimorismo y las distintas expresiones de izquierda que han capitalizado el descontento social, el rechazo al establishment limeño y el desgaste institucional provocado por años de crisis permanentes.
El conteo final confirmó a Fujimori como la candidata más votada con 17.19 % de los sufragios, equivalentes a poco más de 2.8 millones de votos. Detrás apareció Sánchez con 12.03 %, apenas por encima del ultraderechista Rafael López Aliaga, quien quedó fuera del balotaje por una diferencia mínima de poco más de 21 mil votos.
La elección reflejó el nivel de fragmentación y hartazgo político que atraviesa Perú. Un total de 35 candidatos participaron en la contienda presidencial, la más numerosa en la historia del país, mientras los votos blancos y nulos alcanzaron 16.84 %, una cifra superior a la obtenida por cualquiera de los aspirantes presidenciales.
Las tensiones poselectorales también reaparecieron rápidamente. López Aliaga denunció sin pruebas contundentes un supuesto fraude electoral y exigió auditorías y elecciones complementarias, aunque sus reclamos fueron rechazados por las autoridades electorales. El proceso además enfrentó retrasos en centros de votación tanto en Lima como en Estados Unidos, además de miles de actas impugnadas que obligaron al Jurado Nacional de Elecciones a revisar más de 60 mil registros.
La segunda vuelta representa, en muchos sentidos, una reedición política del proceso de 2021. Fujimori, heredera política del expresidente Alberto Fujimori, vuelve a buscar una Presidencia que ya perdió en tres ocasiones consecutivas. Del otro lado aparece Sánchez respaldado por sectores vinculados a Castillo, cuya caída y encarcelamiento tras intentar disolver el Congreso en 2022 siguen marcando el debate político nacional.
El nuevo proceso electoral ocurre además en un contexto de profunda inestabilidad institucional. En apenas una década, Perú ha tenido ocho presidentes, entre renuncias, destituciones, encarcelamientos y gobiernos interinos que deterioraron la confianza ciudadana en prácticamente todas las instituciones del Estado.
La disputa entre Fujimori y Sánchez perfila así un balotaje altamente polarizado entre dos bloques que despiertan fuertes rechazos y apoyos intensos. Más que una competencia convencional, la elección parece convertirse nuevamente en un referéndum emocional sobre el modelo político peruano, la memoria del fujimorismo y el fracaso de una clase dirigente incapaz de estabilizar al país andino.


0 Comentarios