Puebla reportó una desocupación de apenas 1.8% en 2026, pero más de 2.2 millones de trabajadores permanecen en la informalidad. La caída del empleo manufacturero y el aumento de la precariedad exponen el deterioro económico bajo el gobierno de Alejandro Armenta.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — El mercado laboral de Puebla atraviesa una contradicción que los indicadores oficiales apenas logran ocultar. Aunque la tasa de desocupación se ubicó en 1.8% durante el primer trimestre de 2026, la entidad mantiene a más de 2.2 millones de personas en condiciones de informalidad laboral, equivalentes al 70.9% de la población ocupada. Bajo la metodología del INEGI, basta con haber trabajado una hora durante la semana para ser considerado ocupado, una medición que reduce artificialmente la magnitud de la precariedad económica.
En términos absolutos, Puebla sumó 56 mil ocupados respecto al mismo periodo de 2025 y alcanzó 3.1 millones de trabajadores. Sin embargo, el comportamiento sectorial revela un deterioro del empleo formal. La industria manufacturera perdió 47 mil plazas en un año, mientras que la construcción añadió 33 mil puestos vinculados mayoritariamente a actividades informales y de bajos ingresos. Paralelamente, los grandes establecimientos eliminaron 30 mil empleos y los micronegocios absorbieron 51 mil trabajadores, consolidando un modelo económico de subsistencia.
La tasa de condiciones críticas de ocupación escaló de 45.3% a 46.3% en un año. El indicador mide a quienes perciben menos de un salario mínimo o laboran jornadas excesivas o insuficientes. Además, el 57.1% de los trabajadores poblanos obtiene ingresos de hasta un salario mínimo y apenas el 1.5% supera los tres salarios mínimos. La subocupación afecta a 190 mil personas que requieren más horas de trabajo para completar ingresos suficientes.
El deterioro laboral coincide con señalamientos de corrupción y opacidad hacia la administración estatal encabezada por Alejandro Armenta. La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental colocó a Puebla entre las entidades con menor satisfacción en trámites públicos y con una tasa creciente de víctimas de corrupción. A ello se suma la reserva de información relacionada con el Cablebús y los viajes en helicóptero del gobernador, factores que especialistas consideran negativos para la confianza económica y la inversión productiva.
Aunque la pobreza laboral disminuyó a 36.2% y el ingreso laboral promedio aumentó durante 2026, los mismos datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo muestran una expansión sostenida del trabajo informal y el debilitamiento industrial. La reducción estadística de la pobreza alimentaria contrasta con una realidad marcada por empleos sin seguridad social, sin prestaciones y sin estabilidad. En Puebla, la ocupación crece, pero el empleo formal y de calidad continúa retrocediendo.


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