Asuntos de Estado
La presidenta Claudia Sheinbaum convocó el 31 de mayo a un festejo nacional: dos años de su triunfo electoral, celebrados con un informe digital interconectado en las 32 entidades. En el estadio de béisbol de Teapa, Tabasco, rodeada de cientos de beneficiarios de programas sociales, la mandataria acusó a televisoras de mentir, denunció bots en redes sociales y arremetió contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por su reciente visita a México. “¿Cómo va a venir a hacerle un homenaje a Hernán Cortés?”, cuestionó. Pero el discurso de defensa de la soberanía nacional oculta una pregunta incómoda: ¿qué celebra realmente Sheinbaum cuando su partido y su gobierno se desmoronan por dentro?
Más allá de la economía estancada, el telón de fondo del informe del 31 de mayo es una implosión sistémica que atraviesa a Morena y a las élites del gabinete. La primera fractura se localiza en Sinaloa. Hace días, el general Ricardo Trevilla y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, acordaron con autoridades estadounidenses detener al gobernador con licencia Rubén Rocha Moya para someterlo a arraigo domiciliario y permitir interrogatorios de agentes extranjeros. Sheinbaum vetó el operativo en el último momento. El motivo, según consta en expedientes, fue el temor a que la caja de Pandora morenista se abriera y revelara una red de complicidades que alcanza al coordinador del partido en el Senado, Ignacio Mier, y al exsecretario de Gobernación Adán Augusto López Hernández, ambos protegidos por Rocha Moya en la guerra de las corcholatas.
Pero el eslabón más peligroso vincula a la familia del mandatario sinaloense con los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Juan Pablo de Botton Falcón, amigo íntimo del clan de Andy López Beltrán, ingresó al círculo de los Rocha gracias a Enrique Díaz Vega, exsecretario de Finanzas de Sinaloa que ya se entregó como testigo protegido en Arizona. Ese mismo vínculo explica por qué el gobierno de Rocha Moya jamás sufrió recortes presupuestales: el subsecretario de Presupuesto federal hasta 2024, cercano a los hermanos López Beltrán, cuidaba las finanzas sinaloenses. “De ser entregado Rubén Rocha Moya a las autoridades norteamericanas —advierte el expediente— podrían terminar citados a declarar por presuntos nexos con el crimen organizado” Mier, Adán Augusto y los propios hijos de López Obrador.
La segunda implosión —¿traición?— ocurre en Nuevo León. El PRIAN y Morena formaron un frente inédito para instalar una Comisión Anticorrupción que evalúe un juicio político con destitución contra el gobernador emecista Samuel García. Pero dos diputados morenistas —uno votó en contra y otro se abstuvo— rompieron la disciplina. La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, citó de urgencia a todos los legisladores morenistas de Nuevo León para leerles la cartilla: la lucha contra Samuel (anticorrupción) no es negociable, les exigió. La reunión evidenció que ni en asuntos locales existe unidad en Morena.
Sheinbaum, mientras tanto, prepara su festejo del 31 de mayo como un acto de rendición de cuentas, pero los hechos muestran a una presidenta incapaz de controlar a su partido, a su gabinete y las investigaciones que amenazan con salpicar a los fundadores de la Cuarta Transformación.
La pregunta sobrevuela el informe del 31 de mayo: ¿qué festeja Sheinbaum cuando Morena implosiona, el gobierno de Estados Unidos exige cabezas y los nexos entre el poder político y el narcotráfico comienzan a ser inevitablemente evidentes? La respuesta, por ahora, la guarda la inquilina de Palacio Nacional.

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