Editorial
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T-MEC en la mira
La pregunta obligada tras la revisión de consulados y las acusaciones penales es: ¿qué sigue? La respuesta apunta al T-MEC. Donald Trump ya calificó el tratado como "un mal acuerdo" que debe "reformularse". El 1 de junio, su representante comercial Jamieson Greer revelará la postura oficial de Estados Unidos. México enfrenta un paquete de presión integral: penal, diplomático, militar y ahora comercial.

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El expediente NARCUS ha documentado durante 34 reportajes cómo la administración de Donald Trump ha escalado la presión sobre México en múltiples frentes: acusaciones penales contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios; designación de cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras; anuncio de una "fase terrestre" de operaciones contra el narcotráfico; amenaza de acciones unilaterales si México "no hace su trabajo"; y revisión de los 53 consulados mexicanos en territorio estadounidense (una medida reservada para China y Rusia). El eslabón que falta para completar el rompecabezas de presión total es el T-MEC.

Trump ya dijo lo que piensa del tratado. Howard Lutnick, su secretario de Comercio, declaró que el T-MEC es "un mal acuerdo" que debe "reformularse correctamente". El presidente estadounidense ha criticado la relocalización de plantas automotrices desde Ohio y Michigan hacia México, y ha rechazado que fabricantes chinos como BYD construyan plantas en Estados Unidos. La narrativa es clara: Trump considera que México se ha beneficiado desproporcionadamente del tratado y quiere renegociarlo en términos más favorables para EE.UU.

— Este editorial es parte del expediente NARCUS. —

El calendario es crítico. La semana del 25 de mayo comenzarán las negociaciones formales del T-MEC. El 1 de junio, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos (USTR), revelará la postura oficial de su país. El 1 de julio está prevista la revisión conjunta del tratado. Greer ya se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum en Ciudad de México y agradeció su "liderazgo", pero la letra pequeña de la negociación aún no se ha escrito. Lo que está en juego es el motor económico de México: el T-MEC representa más del 80% de sus exportaciones.

La hipótesis que guía este editorial es que Trump está construyendo un paquete de presión integral en el que cada pieza está diseñada para forzar concesiones del gobierno mexicano. Las acusaciones penales contra Rocha Moya presionan en el frente judicial. La designación de cárteles como terroristas presiona en el frente de seguridad. La "fase terrestre" presiona en el frente militar. La revisión de consulados presiona en el frente diplomático. La renegociación hostil del T-MEC presionaría en el frente comercial, el más sensible para la economía mexicana.

El paralelismo con la estrategia de Trump hacia China es evidente. En 2018-2019, Trump impuso aranceles progresivos a China, amenazó con desacoplar económicamente a ambas naciones y utilizó instrumentos diplomáticos (cierre de consulados, expulsión de periodistas) como herramientas de negociación. Ahora está aplicando un manual similar contra México, pero con una diferencia central: México es su socio comercial más importante y vecino geográficamente inseparable. La presión no puede ser tan extrema como con China porque el costo mutuo sería mayor, sobre todo para México. Pero Trump está dispuesto a llevarla hasta el límite.

Los datos económicos recientes muestran la fortaleza del intercambio comercial. En marzo de 2026, México registró un superávit comercial de 5,932 millones de dólares, con exportaciones totales creciendo un 27.7% anual. Las exportaciones manufactureras aumentaron 29.5% y las ventas a Estados Unidos (no petroleras) crecieron 28.2%. México nunca ha sido tan relevante para la economía estadounidense como ahora, y esa misma relevancia lo vuelve vulnerable. Trump puede amenazar con aranceles o con reinterpretar las reglas de origen automotriz, y el impacto en la economía mexicana sería inmediato.

Sheinbaum ha respondido a la presión estadounidense con un discurso soberanista, cónclaves internos, movilización de bases y notas diplomáticas. Esa estrategia puede funcionar en el frente político interno, pero no en el frente comercial. Los empresarios mexicanos —agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y en la AmCham— ya han pedido una revisión "rápida y sencilla" del T-MEC. La presión no solo vendrá de Washington. Vendrá del sector privado mexicano, que no quiere poner en riesgo el tratado por la defensa de un gobernador acusado de narcotráfico.

La pregunta final de este editorial no es si Trump usará el T-MEC como herramienta de presión. Ya lo está haciendo. La pregunta es si Sheinbaum está dispuesta a sacrificar la estabilidad comercial de México para proteger a Rocha Moya y a los otros nueve acusados. El expediente NARCUS ha documentado que la presidenta ha priorizado la defensa de la soberanía y la unidad de su partido sobre la cooperación en justicia. La pregunta es si hará lo mismo con la economía. El 1 de junio, cuando Greer revele la postura oficial de EE.UU., México tendrá una respuesta más clara. El tiempo, mientras tanto, se agota. Y Trump no está dispuesto a esperar.

Fuente: Declaraciones de Howard Lutnick, Jamieson Greer y Donald Trump sobre el T-MEC. Comunicado de la reunión Sheinbaum-Greer. Datos económicos de Inegi, SAT, Secretaría de Economía y Banxico (marzo 2026). Calendario de negociaciones (25 de mayo, 1 de junio, 1 de julio). Expediente NARCUS, reportajes 1-34.
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