Este 10 de junio, mientras la CNTE amenaza con tomar el aeropuerto y los normalistas de Ayotzinapa bloquean la autopista, el Comité 68 marcha del Casco de Santo Tomás a México-Tenochtitlán para conmemorar el 55 aniversario de “El Halconazo”. Tres generaciones de protesta convergen en un mismo día, a 24 horas del Mundial FIFA 2026. El gobierno enfrenta la memoria histórica y la presión social simultáneas.

CDMX — La mañana de este miércoles 10 de junio, decenas de personas salieron del Casco de Santo Tomás rumbo a la Avenida México-Tenochtitlán. No llevaban palos ni tubos. Llevaban banderas blancas y rojas, y una lona que rezaba: “Ante el despojo, organización popular ¡A ganar la calle!”. Conmemoran los 55 años de “El Halconazo”, la masacre del 10 de junio de 1971, cuando el grupo paramilitar Los Halcones, al servicio del gobierno de Luis Echeverría, atacó una manifestación estudiantil. Las cifras oficiales nunca fueron claras. Las estimaciones hablan de entre 30 y 100 muertos. Hoy, el Comité 68 encabeza la marcha para recordar que el Estado mexicano tiene una deuda histórica con la justicia y la memoria. El grito que resuena entre los manifestantes —“¡Lucha, lucha, lucha. No dejes de luchar!”— es el mismo que hace 55 años fue reprimido con balas.

La marcha del Comité 68 no es un hecho aislado. Es la tercera movilización que converge en la Ciudad de México este 10 de junio, a 24 horas del inicio del Mundial FIFA 2026. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) mantiene su amenaza de tomar el Aeropuerto Internacional si el diálogo en Bucareli no produce una propuesta satisfactoria. Los normalistas de Ayotzinapa bloquean desde temprano ambos sentidos de la Autopista México-Cuernavaca en la caseta de Tlalpan. Y a las 16:00 horas, CNTE y Ayotzinapa tienen prevista una protesta conjunta en el Centro Histórico. Tres generaciones de protesta —la de 1968-1971, la de 2014 y la del presente magisterial— convergen en el mismo espacio-tiempo, como si la historia mexicana hubiera decidido condensarse en un solo día.

La coincidencia de fechas no es casual. El 10 de junio es una fecha grabada en la memoria de la izquierda mexicana. El Halconazo fue el episodio que cerró la masacre del movimiento estudiantil iniciada el 2 de octubre de 1968. Hoy, 55 años después, el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta un escenario que los halcones de Echeverría resolvieron con balas. La presidenta ha optado por la vía opuesta: tolerancia, negociación clientelar y la promesa de “no reprimir, no amenazar”. Pero la convergencia de este día —Comité 68 en las calles, Ayotzinapa bloqueando la autopista, CNTE amagando con tomar el aeropuerto— es una prueba de fuego para esa estrategia. Porque la memoria histórica no se negocia con dinero. Y porque el descontento acumulado durante décadas no se resuelve con plazas y miles de millones de pesos.

Hay un hilo invisible que conecta el Halconazo de 1971 con el operativo en la caseta de Tlalpan del pasado lunes, cuando las madres de Ayotzinapa fueron interceptadas por perros y acusadas de portar explosivos. En ambos casos, el Estado trató a quienes protestaban como una amenaza. En 1971, la respuesta fue la masacre. En 2026, ha sido el hostigamiento simbólico y la criminalización. La diferencia es el método, no la lógica de fondo. El Comité 68 marcha hoy para recordar que la represión no comienza con las balas. Comienza cuando el Estado deja de ver a los manifestantes como ciudadanos con derechos y los trata como enemigos. Ese es el riesgo que enfrenta Sheinbaum: que su estrategia de “no reprimir” sea vista no como una conquista democrática, sino como una excepción que no borra la regla histórica del autoritarismo mexicano.

Mientras el Comité 68 avanza por la Avenida México-Tenochtitlán, los secretarios de Estado negocian en Bucareli con la CNTE, los normalistas mantienen el bloqueo en Tlalpan, y la SSC resguarda el aeropuerto. El gobierno enfrenta la memoria, la exigencia de justicia y la presión magisterial en un mismo día. La pregunta que flota en el aire es si Sheinbaum entenderá que la convergencia de estas tres fuerzas es un síntoma de algo más profundo: la crisis de legitimidad del Estado mexicano. 55 años después del Halconazo, el país sigue sin justicia para las víctimas de la guerra sucia. 12 años después de Ayotzinapa, los 43 siguen desaparecidos. Después de once días de plantón, la CNTE sigue exigiendo un sistema solidario de pensiones. Las tres luchas son distintas, pero comparten un diagnóstico: el Estado no escucha, no resuelve, y a menudo hostiga. El Mundial comenzará mañana. Las cámaras del mundo apuntarán al país. Pero debajo del brillo del torneo, la memoria y la protesta siguen su curso. Como dice la lona del Comité 68: “Ante el despojo, organización popular ¡A ganar la calle!”.

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