El alcalde de Xicotepec, Carlos Barragán, anunció el XICO-FEST 2026 para agosto, con una consulta popular para elegir al artista principal entre bandas regionales. El anuncio llegó envuelto en promesas de obras concluidas y mil luminarias instaladas, pero el municipio arrastra rezagos en videovigilancia e infraestructura que ningún escenario musical va a resolver. La fiesta suena bien, pero el costo lo pagan los ciudadanos que esperan resultados, no rifas de grupos norteños.
XICOTEPEC DE JUÁREZ, PUEBLA. — Carlos Barragán tiene claro el manual del buen alcalde en campaña perpetua: anuncia una obra, promete tecnología, y para rematar, convoca a un festival que tape los silencios. El presidente municipal de Xicotepec soltó la noticia del XICO-FEST 2026 como quien suelta una moneda al aire: la fecha, agosto; el gancho, una consulta ciudadana para elegir entre Banda Cuisillos, los Alameños de la Sierra y el Conjunto Primavera. ¿El telón de fondo? Mil luminarias que supuestamente ya iluminan el municipio, obras que prometen estar concluidas y un sistema de videovigilancia con inteligencia artificial que suena a ciencia ficción en una tierra donde los hechos suelen ser más prosaicos.
La astucia no es menor: involucrar a la ciudadanía en la elección del artista convierte el festival en una "democracia participativa" de mentira, donde la gente vota por la banda que tocará mientras los reflectores se desvían de lo que realmente importa. Porque, digámoslo sin rodeos, mientras Barragán se entretiene con rifar grupos norteños y presumir luminarias que nadie ha visto funcionar, el municipio sigue enfrentando problemas de seguridad, bacheo y servicios básicos que no se resuelven con acordeones ni tarimas.
El discurso oficial hilvana los logros con la precisión de un ensamble perfecto: las obras avanzan, las luces se encienden, las cámaras con IA vigilan, y entonces, como premio, el festival. Todo suena tan limpio como un comunicado de prensa bien redactado. Pero la pregunta incómoda flota sobre el pueblo de Xicotepec: ¿con qué dinero se financia el XICO-FEST? ¿Cuánto cuestan los derechos de los artistas? ¿Y por qué el presupuesto para espectáculos parece crecer mientras el de mantenimiento de drenajes y pavimentos se encoge?
La consulta ciudadana, por cierto, no especifica si será vinculante ni cómo se garantizará la participación real. En Xicotepec, como en muchos municipios poblanos, la consulta popular se convierte en un termómetro de popularidad, no en un instrumento de decisión. Barragán no está preguntando si la gente quiere el festival; está preguntando qué banda prefieren. La decisión ya está tomada. La fiesta será en agosto. Lo único que cambiará será el acordeón que suene mientras el pueblo aplaude sin saber que paga cada nota con sus impuestos.
Carlos Barragán quiere una borrachera con música y reflectores, pero la cruda de la administración pública llega siempre después del festival, cuando los ciudadanos descubren que las luminarias se fundieron, las cámaras no grabaron y las obras quedaron a medias. El XICO-FEST es el espejo de una política que prefiere el escenario antes que lo que verdaderamente importa, el aplauso antes que el resultado. Y mientras los Alameños de la Sierra afinan sus instrumentos, los ciudadanos de Xicotepec deberían preguntarse si no están siendo, una vez más, el público manipulado de un show que ellos mismos financian y que animan al alcalde a buscar la reelección.


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