El alcalde de Tehuacán, Alejandro Barroso, anunció un despliegue de seguridad con bodycams, patrullas, ambulancias y 270 nuevos policías financiados con FORTAMUN 2026-2027. Presumió que el 98% de los elementos ya está certificado. El giro es tan abrupto como oportuno: el mismo alcalde que hace semanas inauguraba albergues a puerta cerrada mientras los ciudadanos protestaban por el "tarifazo" ahora quiere posar de sheriff tecnológico. Pero la ciudadanía no olvida: el agua sigue cara y el alcalde sigue de paso.
TEHUACÁN, PUEBLA. — Alejandro Barroso tiene un nuevo juguete: la seguridad pública. El alcalde de Tehuacán apareció ante las cámaras para anunciar la adquisición de patrullas, ambulancias, cámaras de videovigilancia y, la joya de la corona, bodycams enlazadas al C5 para supervisar el actuar policial. También presumió 270 cadetes recién graduados de la Academia de Policía y un salto espectacular en la certificación de elementos: del 7% al 98%. Todo suena a película de acción. Pero en Tehuacán, el género que realmente importa es el drama del agua, y ahí el guion sigue siendo el mismo.
El anuncio llegó envuelto en números que impresionan: seis ambulancias en tres meses, cinco a ocho patrullas nuevas, 400 elementos en la corporación municipal y una gestión para instalar una base permanente de la Guardia Nacional. Barroso incluso se dio el lujo de destacar que más del 50% de los aspirantes reprueba el control de confianza, como si eso fuera un mérito y no un síntoma de un sistema de reclutamiento que sigue expulsando a la mayoría. El discurso es impecable: un alcalde que invierte, que certifica, que moderniza. Pero el discurso, en política, es el traje de domingo que se pone para ocultar los remiendos de entre semana.
Porque el mismo Barroso que hoy habla de bodycams es el que hace semanas inauguraba el Albergue de la Mujer con la puerta cerrada mientras los ciudadanos protestaban por el "tarifazo" al agua. El mismo que ordenó a la Banda Municipal tocar para acallar las consignas. El mismo que, ante el reclamo ciudadano, optó por la clausura y el silencio, no por la solución. Ahora, el alcalde ha cambiado de tema: la seguridad es el nuevo show. Pero la ciudadanía tiene memoria, y el agua no se olvida con la promesa de unas bodycams.
La utilización de recursos del programa FORTAMUN para equipamiento de seguridad es, en principio, una buena noticia. Pero el expediente de Tehuacán muestra que el gobierno municipal es experto en anuncios vistosos y pobre en resultados sustantivos. La pregunta que los ciudadanos deberían hacerle a Barroso no es cuántas patrullas comprará, sino cuándo bajará el recibo del agua. No es cuántos policías certificará, sino cuándo dejará de esconderse de quienes le exigen cuentas. La seguridad es importante, pero no es el único problema, ni siquiera el más urgente para una ciudad que se ahoga en tarifas abusivas.
El alcalde tiene un mes para demostrar que su giro hacia la seguridad no es una cortina de humo. Las cámaras, las patrullas y las bodycams llegarán —eso promete—, pero los ciudadanos saben que la tecnología no reemplaza la voluntad política. Y la voluntad de Barroso para enfrentar el problema del agua sigue siendo tan esquiva como las respuestas que le debe a los manifestantes. Mientras tanto, en Tehuacán, el agua sigue cara y el alcalde sigue de paso.


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