En las últimas horas previas al Mundial FIFA 2026, la CNTE amenaza con tomar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. El gobierno convocó a diálogo a las 10:00 horas, pero la Coordinadora mantiene los bloqueos en Reforma y condiciona la marcha al aeropuerto a los resultados de la mesa. Elementos de la SSC resguardan el AICM. La consigna: “Si no hay solución, no rodará el balón”.
CDMX — A 24 horas del inicio del Mundial FIFA 2026, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha llevado al gobierno de Claudia Sheinbaum al punto de máxima tensión. Este miércoles 10 de junio, mientras miles de aficionados continúan llegando al país y las delegaciones internacionales ultiman detalles, el magisterio disidente amaga con tomar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). La consigna, repetida por los líderes seccionales, es clara: “Si no hay solución, no rodará el balón”. El gobierno, que durante once días ha tolerado bloqueos, vandalismo, secuestro de choferes y toma de gasolineras, ha decidido que esta vez hay un límite. Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) resguardan ya los alrededores del aeropuerto. La posibilidad de un desalojo violento, que Sheinbaum había descartado hasta ahora, comienza a ser un escenario real.
La jornada comenzó con una convocatoria del gobierno. La Secretaría de Gobernación citó a los líderes de la CNTE a una mesa de diálogo a las 10:00 horas en sus oficinas de Bucareli. Los secretarios de Estado —Rosa Icela Rodríguez (Segob), Mario Delgado (SEP) y Martí Batres (ISSSTE)— recibirán a la comisión magisterial. Pero la CNTE ha dejado claro que no despresurizará el movimiento mientras se negocia. Al mismo tiempo que los líderes se sientan a dialogar, los contingentes bloquean Paseo de la Reforma en su cruce con Bucareli, a la altura de la Torre del Caballito. La ciudad sigue parcialmente paralizada. Y la amenaza de la toma del aeropuerto, condicionada a los resultados de la mesa, flota sobre la reunión como una espada de Damocles.
El ultimátum no es nuevo, pero nunca había sido tan explícito ni tan cercano al evento global más importante del planeta. Ayer, la CNTE dio al gobierno menos de 48 horas para presentar una nueva propuesta que devuelva los ahorros de los profesores a un sistema solidario de pensiones. La demanda central —la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007— sigue sobre la mesa, pero la Coordinadora ha mostrado cierta flexibilidad: aceptarían una “ruta de construcción” hacia un régimen público, solidario e intergeneracional. Lo que no aceptan es la propuesta gubernamental de fortalecer PENSIONISSSTE y crear una aseguradora pública, que calificaron como “insuficiente” porque “permanece el esquema de cuentas individuales”. El gobierno, por su parte, insiste en que restituir el sistema solidario costaría 7 billones de pesos (20% del PIB), una cifra que Batres ha repetido como argumento de cierre.
La agenda de la CNTE para hoy es precisa: “Al término de la mesa, posible marcha al Aeropuerto”. El punto de concentración para esa eventual movilización ya está definido: la estación del Metro Hangares, a unos pasos de la Terminal 1 del AICM. Los líderes magisteriales han sido claros: si la propuesta del gobierno no satisface sus demandas, la marcha se ejecutará. Y una vez en el aeropuerto, la toma podría ser inminente. El gobierno, por su parte, ha anticipado el movimiento. Elementos de la SSC resguardan ya las instalaciones aeroportuarias. Hay un límite que ni la tolerancia gubernamental ni la estrategia de “no caer en provocación” pueden traspasar: el aeropuerto no puede caer en manos de la CNTE a 24 horas del Mundial.
La jornada de hoy es, en muchos sentidos, el parteaguas del conflicto. Hasta ahora, el gobierno ha preferido la negociación clientelar —plazas, dinero, concesiones millonarias— a la confrontación violenta. La CNTE ha aprovechado esa debilidad para escalar sin consecuencias: bloqueos, vandalismo, secuestro de choferes, toma de gasolineras. Pero el aeropuerto es distinto. No es una torre administrativa (la del Bienestar) ni oficinas de la SEP (Avenida Universidad) ni figuras decorativas del Mundial (Reforma). Es la puerta de entrada de aficionados, selecciones, prensa internacional y autoridades de la FIFA. Una toma del AICM sería una imagen devastadora para México, transmitida en vivo a los cinco continentes. El gobierno lo sabe. Por eso resguarda el perímetro. La pregunta es: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar para impedir la toma? ¿Desalojará con violencia si la CNTE intenta ingresar? ¿O permitirá la ocupación simbólica y negociará bajo una presión aún mayor?
La reunión en Bucareli comenzó a las 10:00 horas. Mientras los secretarios de Estado y los líderes magisteriales discuten a puerta cerrada, los contingentes bloquean Reforma. Los aficionados al Mundial llegan al aeropuerto, escoltados por elementos de la SSC que los separan de los posibles manifestantes. El reloj corre. La CNTE dijo que daría “menos de 48 horas”. Ese plazo se acaba hoy. La consigna “Si no hay solución, no rodará el balón” no es retórica. Es una amenaza de ejecución inmediata. El gobierno, que ha presumido durante once días que “no reprime, no amenaza”, enfrenta su prueba más dura. Porque no reprimir podría significar permitir la toma del aeropuerto. Y permitir la toma del aeropuerto sería un fracaso de seguridad nacional e imagen internacional. Sheinbaum tendrá que decidir en las próximas horas si sigue “sin caer en provocación” o si, por primera vez, ordena desalojar. El Mundial está a 24 horas. Y el balón, por ahora, no rueda.


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