Donald Trump declaró este 10 de junio desde el Despacho Oval que “no sabe” si renovará el T-MEC porque Estados Unidos “no necesita nada” de México ni Canadá. El mandatario afirmó que sus socios comerciales “tienen que tratarnos mejor”, en medio de negociaciones formales que definirán el futuro del tratado antes del 1 de julio.
WASHINGTON, EE.UU. — A solo tres semanas de que expire el plazo para la revisión conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el presidente Donald Trump ha lanzado una andanada que pone en jaque la continuidad del acuerdo. Desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, durante la firma de una ley para financiar los servicios de inmigración, el mandatario afirmó que “no sabe” si renovará el T-MEC porque, en sus propias palabras, su país “no necesita nada” de sus socios norteamericanos.
“No necesitamos nada de lo que tiene Canadá, no necesitamos nada de lo que tiene México, pero ellos necesitan todo lo que tenemos nosotros, y tienen que tratarnos mejor”, declaró Trump. El presidente republicano fue específico en su desdén: “No necesitamos sus automóviles, no necesitamos su madera, no necesitamos su energía; no necesitamos nada de lo que ellos tienen”. Las declaraciones ocurren apenas una semana después de que México y Canadá notificaran formalmente a Washington su intención de prorrogar el tratado por 16 años.
El mandatario estadounidense justificó su postura en el desempeño comercial de su país. “No sé si voy a renovarlo porque, para ser sincero, a Estados Unidos le va mucho mejor”, insistió. Trump argumentó que, en lugar de déficits comerciales, sus aliados deberían tener superávits con Estados Unidos. La declaración contradice los datos objetivos del comercio intrarregional: en marzo de 2026, las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos crecieron un 28.2% anual, pero también las ventas estadounidenses a México han aumentado de manera sostenida, como refleja el déficit acumulado por México en el primer trimestre de 2026.
Las declaraciones de Trump representan un endurecimiento significativo respecto a la posición que había mantenido la USTR durante la primera ronda formal de negociaciones, celebrada en la Ciudad de México del 28 al 29 de mayo. En aquella ocasión, la delegación estadounidense —encabezada por Jeffrey Goettman ante la ausencia de Jamieson Greer— describió el ambiente como “constructivo” y confirmó un calendario de rondas adicionales. Ahora, Trump pone en duda incluso la voluntad de renovar el acuerdo.
El presidente estadounidense también aprovechó para arremeter contra el antecedente del tratado. “La razón principal por la que acepté el T-MEC fue porque el TLCAN, en vigor desde 1994 a 2020, era el peor acuerdo comercial jamás firmado con diferencia”, afirmó, quejándose además de que el antiguo pacto tenía “errores tipográficos” y no incluía el “derecho a terminarlo”. La retórica agresiva contrasta con el hecho de que fue la propia administración Trump la que negoció y firmó el T-MEC en 2018, para entrar en vigor en 2020.
El calendario impone urgencia. El actual tratado establece una revisión conjunta seis años después de su puesta en marcha. Si los tres países acuerdan renovarlo antes del 1 de julio de 2026, el pacto se extendería automáticamente por otros 16 años, como han solicitado México y Canadá. En caso contrario, comenzaría un período de revisiones anuales durante una década antes de su posible expiración. La postura de Trump sugiere que Washington podría optar por la segunda vía, manteniendo la presión anual sobre sus socios.
Por ahora, la administración estadounidense ya ha iniciado conversaciones formales con México, pero todavía no ha hecho lo mismo con Canadá. El ministro de comercio canadiense, Dominic LeBlanc, anunció la semana pasada que tuvo una reunión “positiva” con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. Sin embargo, las palabras de Trump desde el Despacho Oval eclipsan cualquier avance técnico y colocan la negociación en un terreno de alta tensión política. México y Canadá han apostado por la certidumbre del largo plazo; Trump acaba de declarar que no está seguro de querer ofrecérsela.


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