HIPÓTESIS
El territorio real
HIPÓTESIS | Política en Puebla para iniciados
En Puebla, el 55% del presupuesto estatal fluye hacia la zona metropolitana. La disputa de 2027 no es entre proyectos ideológicos distintos. Es entre grupos con intereses patrimoniales sobre los mismos recursos. Los pobres, el pueblo, tienen su función: la foto, la justificación, el voto.

Hay una pregunta que esta columna ha evitado formular de frente, porque las columnas anteriores la respondían por acumulación. Ya es momento de hacerla explícita: ¿de qué se trata realmente la política en Puebla?

No se trata de ideología. No se trata de desarrollo. No se trata de transformación, ni de humanismo, ni del pueblo, ni de ninguna de las etiquetas que los grupos en disputa usan para vestirse frente a las cámaras y micrófonos. Se trata de poder. De dinero. De quién firma los contratos, quién otorga las licencias, quién cobra los impuestos (ingresos propios), quién distribuye el presupuesto y hacia qué red de lealtades lo dirige.

El resto es envoltura.

Marx lo llamó superestructura: el conjunto de ideas, discursos, símbolos e instituciones que una clase dominante construye para presentar sus intereses particulares como intereses generales. La religión, la moral, la ideología política — todo sirve para que quien manda parezca que manda en nombre de algo más grande que sí mismo. En México eso ha tomado muchas formas: el nacionalismo revolucionario del PRI, la alternancia democrática del PAN, la transformación y el primero los pobres de Morena. Cada generación de poder construye su propio envoltorio. El contenido no cambia.

En Puebla el contenido es esto: el presupuesto estatal supera los 131 mil millones de pesos anuales. El área metropolitana concentra más del 55% de la inversión pública. El segundo municipio en importancia económica del estado alberga los desarrollos comerciales e inmobiliarios de mayor plusvalía. La universidad pública más grande de la región maneja un presupuesto propio de escala estatal. Quien controla esos tres nodos no necesita convencer a nadie de nada. Solo necesita ganar.

Los pobres existen en este esquema. Tienen una función precisa. Son la foto, la justificación, el voto. Son los beneficiarios del programa que lleva el nombre que el gran elector decide: "Agua para el Bienestar", "Por Amor a Puebla", lo que quiera. Los asistentes a los eventos generan el bono de popularidad, los rostros que aparecen en boletines de prensa sirven para lo que siempre han servido en México: para legitimar el acceso al presupuesto que no les pertenecerá.

Esto no es cinismo. Es descripción.

La disputa electoral de 2027 en Puebla no es entre proyectos de desarrollo distintos. Es entre grupos con intereses patrimoniales distintos sobre los mismos recursos públicos. Uno viene del viejo priismo que migró a Morena por sobrevivencia, no por convicción. Otro viene del mundo empresarial que aprendió que gobernar es más rentable que solo contratar con el gobierno. Otro viene de la militancia orgánica del movimiento que llegó al poder en 2018 y descubrió que el poder tiene su propia lógica, independientemente de quién lo ejerce.

Ninguno de los tres propone romper la concentración del 55%. Ninguno ha presentado un modelo alternativo de distribución territorial del presupuesto. Ninguno habla de los municipios que reciben menos del 1% de la inversión pública estatal mientras sus habitantes emigran o se quedan sin servicios básicos. No lo hacen porque no es el tema. El tema es el otro 55%.

La ideología es el mapa que se le muestra al votante. El territorio real es el presupuesto y el poder que decide qué se hace con los dineros públicos.

Esta columna existe para no perder de vista esa diferencia y Las que vienen también.

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