Este 1 de junio un grupo de encapuchados con tubos rompió cristales y la puerta principal de la Torre del Bienestar en Paseo de la Reforma. No había elementos policiacos cerca. La dirigencia magisterial llamó a reagruparse y seguir hacia el Zócalo.
CDMX — La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) comenzó su jornada de protestas con una imagen que el gobierno de Claudia Sheinbaum no podrá ignorar. Mientras el contingente magisterial avanzaba este lunes por Paseo de la Reforma, un grupo de personas encapuchadas —con tubos, palos metálicos y astas de banderas, según los videos que ya circulan en redes sociales— se desprendió de la marcha y arremetió contra las instalaciones de la Torre del Bienestar, ubicada en Reforma y La Fragua. Rompieron los cristales de la planta baja y forzaron la puerta principal. El dato más revelador: al momento de los destrozos, no había elementos policiacos cerca.
La Torre del Bienestar es una sede administrativa del gobierno federal. No es un símbolo menor. El ataque, aunque perpetrado por un grupo que aún no ha sido identificado plenamente —testimonios señalan a maestros de la Sección 14 de Guerrero—, ocurrió bajo el paraguas de la movilización nacional que la CNTE inició este primero de junio. Las demandas del magisterio disidente son claras: abrogación de la Ley del ISSSTE 2007, abrogación de la reforma educativa de 2012, un aumento salarial del 100 por ciento y el regreso del gobierno federal a una mesa de diálogo. Pero la irrupción de la violencia —encapuchados, tubos, destrozos— cambia la naturaleza del conflicto. Lo que comenzó como una huelga nacional con bloqueos y manifestaciones programadas ahora suma un acto de vandalismo contra propiedad pública.
La marcha de la CNTE no fue una manifestación espontánea. Estaba anunciada, prevista, monitoreada. El gobierno de la Ciudad de México y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) tenían conocimiento del recorrido. Sin embargo, los videos muestran un vacío de autoridad justo en el punto donde el contingente pasaba frente a la Torre del Bienestar. Las preguntas sobran: ¿hubo omisión deliberada para permitir la escalada? ¿El Estado fue rebasado por grupos radicales dentro de la propia marcha? ¿O se trata de infiltrados que buscan deslegitimar la protesta?
La dirigencia nacional de la CNTE, mientras tanto, ha optado por una estrategia de reagrupamiento. En lugar de condenar los actos vandálicos o desmarcarse de los encapuchados, la instrucción fue llamar a todo el contingente a continuar la marcha hacia el Zócalo capitalino. El mensaje es que el movimiento sigue su curso y que los destrozos no representan a la totalidad de los manifestantes. Pero la imagen de los cristales rotos de la Torre del Bienestar ya circula en redes sociales. La narrativa oficialista no tardará en construir un relato: “la CNTE es violenta”, “no se puede negociar bajo presión”, “el gobierno debe aplicar la ley”.


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