Mujeres anónimas denunciaron a Miguel "Z", jefe de turno del CERESO de Teziutlán, por operar una red de corrupción que incluye venta de droga, cobro de piso y desactivación de cámaras. Una detenida en abril confesó que un alto mando del penal estaba coludido. Autoridades no han respondido.

TEZIUTLÁN, PUEBLA. — El Centro de Reinserción Social (CERESO) de Teziutlán, en Puebla, opera bajo una sombra de impunidad que las familias de los internos ya no pueden soportar. Un grupo de mujeres, que habló en condición de anonimato por temor a represalias, ha destapado una red de abusos encabezada por Miguel "Z", jefe de turno del penal. Las acusaciones son graves: venta de droga, cobro de piso a internos, abandono de servicio con uniforme oficial, desactivación de cámaras de vigilancia y acoso a las familias durante los días de visita. Todo, según las denunciantes, con total impunidad y sin que el director del penal haya intervenido.

El testimonio más demoledor no viene de las mujeres que hoy alzan la voz, sino de una detenida que el pasado 10 de abril de 2026 fue sorprendida intentando ingresar "cristal" al penal oculta en jabones de ropa. Ante la Fiscalía del Estado de Puebla, la mujer confesó que no actuaba sola: un alto mando del CERESO estaba coludido y enterado de la operación. Esa declaración, que debería haber activado una investigación inmediata, parece haber caído en un agujero negro burocrático. Las denunciantes aseguran que Miguel "Z" es el eslabón visible de una cadena que permite el ingreso de sustancias ilícitas a cambio de cuotas, y que las cámaras de videovigilancia son apagadas deliberadamente en ciertas áreas para ocultar las agresiones entre internos y las transacciones ilegales.

El modus operandi descrito por las mujeres es tan descarado como eficaz. Miguel "Z" no solo permite el tráfico de drogas: cobra a los internos por el derecho a venderlas dentro del penal, convirtiendo el CERESO en una sucursal del narcomenudeo operada desde la propia autoridad. Durante los días de visita, las familias denuncian hostigamiento y conductas inapropiadas por parte del mismo elemento, que no solo intimida sino que convierte el espacio de convivencia en una extensión de su control. A ello se suma el abandono de servicio: el jefe de turno se retira del penal con su uniforme puesto, dejando su puesto vacío mientras otros, probablemente, siguen operando en su ausencia.

La dirección del CERESO de Teziutlán no ha emitido postura alguna. Tampoco el Gobierno del Estado de Puebla, encabezado por Alejandro Armenta Mier, ni la Fiscalía que recibió la confesión de la detenida en abril. El silencio de las autoridades es tan elocuente como las denuncias. Las familias exigen la intervención urgente de los organismos de derechos humanos y una investigación que no se limite a los eslabones más bajos. La declaración de la mujer detenida el 10 de abril es una prueba documental de que la red no es fruto de la imaginación: hay un alto mando coludido, hay droga ingresando, hay testigos que hablan y hay víctimas que esperan.

El CERESO de Teziutlán no es un caso aislado, sino un síntoma de la podredumbre que corroe el sistema penitenciario de Puebla. Mientras Miguel "Z" siga en su puesto y las cámaras sigan apagándose, los internos quedarán a merced de una autoridad que no reinserta, sino que explota.

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