La mediciones evalúan a las aspirantes de Morena a la presidencia municipal de Puebla capital en ocho atributos distintos: opinión positiva, honestidad, cercanía con la gente, conocimiento del municipio, cumplimiento de palabra, percepción como buena candidata, disposición a votar por ella y preferencia como candidata del partido. La maestra Laura Artemisa García Chávez encabeza la mayoría de los reactivos. Pero el margen sobre su competidora más cercana —la secretaria del Deporte, Gabriela "La Bonita" Sánchez Saavedra— es mucho más estrecho de lo que cualquier estrategia de comunicación oficial estaría dispuesta a admitir.
En el reactivo de mayor peso —preferencia como candidata de Morena— García Chávez obtiene 17 puntos frente a 16 de Sánchez Saavedra. Una diferencia de 1 punto. En "cercanía con la gente" —el atributo más territorial, el que mide si la candidata efectivamente se percibe caminando las calles y no sólo apareciendo en espectaculares— la diferencia es de apenas 0.4 puntos: 18.6 contra 18.2. Prácticamente un empate técnico.
Las otras aspirantes medidas —Olivia Salomón Vivaldo, Celina Peña Guzmán y una figura con perfil público lejano a la poblanidad, Liz Sánchez— aparecen con números que las ubican fuera de cualquier competencia real, entre 1 y 4 puntos en la mayoría de los indicadores. La contienda interna de Morena en la capital no es, como la narrativa oficial sugiere, una competencia entre cinco perfiles. Es, en los hechos, una disputa entre dos.
Y sin embargo no crece
Esta columna documentó hace meses la inversión desplegada en torno a la eventual candidatura de la profesora Laura Artemisa García Chávez: la Secretaría de Bienestar como red territorial, los espectaculares en las principales avenidas de la capital, la estructura de delegados en los cuatro distritos federales, la movilización de presidentes de juntas auxiliares y hoy 100 pipas de agua para distribuir el vital líquido en zonas marginales. Ningún otro perfil de Morena en Puebla capital tiene acceso a recursos comparables.
Y, sin embargo, la profesora no crece.
El dato más revelador no está en ninguna encuesta. Está en el propio gremio que debería ser su base natural. García Chávez es profesora de carrera. El Día del Maestro, de cada diez convocados a celebrar con ella, solo cuatro pagaron por asistir y apenas dos llegaron al evento. Semanas después, el segundo intento —el Encuentro Magisterial del 30 de mayo— requirió presión laboral documentada desde supervisores hacia directores y de directores hacia maestros para llenar un salón que, según análisis de imagen, recibió alrededor de 450 personas frente a los tres mil o cinco mil que los boletines oficiales presumieron. Lo demás fue un remedo.
Si la candidata no puede movilizar con entusiasmo al sector que mejor debería conocer —el suyo— es comprensible que el aparato del gobierno comience a buscar alternativas.
El protagonismo que Armenta le dio a "La Bonita"
En ese contexto se entiende el protagonismo creciente de Gabriela "La Bonita" Sánchez Saavedra. La secretaria del Deporte —boxeadora profesional, perfil con comunicación distinta a la de cualquier otra funcionaria del gabinete estatal— ha pasado de ser una posibilidad para el Distrito 9 a convertirse, en los hechos, en la competencia real de Laura Artemisa dentro del propio armentismo.
El viernes pasado, en el Centro Mexicano Libanés de Puebla, se reunió el núcleo operativo del gobierno con ambas aspirantes a candidatas presentes: el coordinador estatal de Organización de Morena, César Addi Sánchez Salinas; el gobernador Alejandro Armenta; el secretario de Gobernación, Samuel Aguilar Pala; Laura Artemisa García Chávez; Gabriela Sánchez Saavedra; y el director de la Comisión Estatal de Vivienda, Rafael Moreno Valle Buitrón.
Que ambas aspirantes estuvieran en la misma mesa, en la misma reunión, con el mismo nivel de acceso al núcleo de decisión del gobierno estatal, confirma lo que los números de los ejercicios demoscópicos ya insinuaban: la competencia por la candidatura de Morena en la capital no está resuelta. Y el gobernador —o quien defina en su nombre— está manteniendo abiertas las dos opciones mientras el desempeño real de cada una termina de aclarar el panorama.
La ausencia que pesa más que cualquier presencia
En esa misma reunión hubo una ausencia que no requiere mayor interpretación. José "Pepe" Chedraui Budib, presidente municipal en funciones y aspirante a la reelección, no estuvo presente. El alcalde luce solo en su aspiración de repetir al frente del gobierno de la capital poblana — sin el respaldo del núcleo armentista, sin lugar en la mesa donde se reorganiza la maquinaria electoral de Morena para 2027.
La ruptura dentro del oficialismo capitalino, que esta columna ha documentado desde sus primeras entregas, ya no se discute en privado. Se observa en quién está sentado en la mesa de Alejandro Armenta y quién no.
"Es tiempo de mujeres"
El gran elector —o su jefe de gabinete, en distintos momentos públicos— ha repetido una frase que pretende cerrar cualquier debate sobre el perfil de la candidatura: "es tiempo de mujeres." La frase invoca el principio de paridad que, como esta columna ha documentado, es una obligación estatutaria de Morena y no una preferencia discrecional.
Pero la paridad de género resuelve el sexo de la candidata. No resuelve cuál de las mujeres disponibles tiene mejor desempeño real entre el electorado. Y los ejercicios demoscópicos recientes sugieren que esa segunda pregunta —la que de verdad importa para ganar una elección— sigue sin respuesta definitiva dentro del propio armentismo.
Laura Artemisa García Chávez tiene el aparato, la estructura y la ventaja en la mayoría de los reactivos medidos. Gabriela Sánchez Saavedra tiene una distancia que se acorta, una comunicación que conecta de forma distinta y un lugar confirmado en la mesa donde se decide.
La pregunta que septiembre tendrá que responder no es solo si una mujer encabezará la candidatura de Morena en Puebla capital. Es cuál de las dos mujeres que hoy compiten dentro del mismo proyecto político termina siendo la elegida —y qué le ocurre a la que se queda fuera de una decisión que, por ahora, ni los propios números del armentismo terminan de aclarar.

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