Dos jóvenes fueron apuñalados durante los bailes sonideros de las fiestas patronales de San Andrés Cholula; uno de ellos recibió cinco puñaladas y se reporta grave. Vecinos denunciaron que no había seguridad privada ni policía municipal. La alcaldesa Guadalupe Cuautle respondió que le "pedirá a los organizadores" que hagan más seguros los eventos. Como si la seguridad pública fuera un favor que se pide, no una obligación que se ejerce. Como si la sangre en el piso no fuera responsabilidad de quien gobierna.
SAN ANDRÉS CHOLULA, PUEBLA. — Las fiestas patronales de San Andrés Cholula comenzaron como siempre: con música, alcohol y un predio donde los jóvenes bailan hasta el amanecer. Pero este domingo 28 de junio, la celebración se convirtió en una escena del horror. Dos jóvenes fueron apuñalados durante las llamadas "veladas" —bailes que tradicionalmente abren las fiestas— cuando una banda de pandilleros irrumpió en el evento ubicado en la 4 Oriente entre 2 y 4 Norte. Sin mediar palabra, comenzaron a agredir. Un joven recibió una puñalada en la mano; el otro, cinco en todo el cuerpo. Este último fue trasladado a un hospital de la región en estado delicado. La celebración quedó manchada de sangre.
Nadie lo impidió. Porque, según vecinos y testigos, no había seguridad privada ni un solo uniformado de la policía municipal vigilando el evento. Cero presencia institucional. Como si el ayuntamiento de San Andrés Cholula considerara que los bailes sonideros no merecen protección, o como si la responsabilidad de cuidar a los ciudadanos no fuera con ellos. Los jóvenes que fueron a divertirse terminaron en una camilla, y los que sobrevivieron al ataque se preguntan dónde estaban las autoridades cuando los pandilleros llegaron con navajas.
La respuesta de la alcaldesa Guadalupe Cuautle fue, como siempre, un ejercicio de deslinde. "Le pediré a los organizadores que hagan más seguros los eventos", declaró, como si la seguridad de un evento masivo fuera responsabilidad de quien renta el sonido y no del municipio que otorga los permisos. La frase es una obra maestra del cinismo institucional: traslada la obligación a particulares, cuando en realidad el ayuntamiento tiene la facultad y el deber de regular, supervisar y, si es necesario, suspender eventos que no cumplan con las condiciones mínimas de protección.
Las "veladas" no son un fenómeno improvisado. Son una tradición que cada año convoca a cientos de jóvenes que bailan toda la noche, consumen alcohol y, como quedó demostrado, se exponen a la violencia sin ningún resguardo. La administración de Cuautle conoce el calendario de las fiestas patronales, conoce los lugares donde se realizan los bailes, conoce la afluencia y conoce los riesgos. Sin embargo, este domingo no hubo operativo, no hubo prevención, no hubo estado. Solo el vacío que llenaron los pandilleros con sus navajas.
Las fiestas patronales deberían ser un espacio de encuentro y celebración, no un campo abierto para la delincuencia. Pero cuando el gobierno municipal decide no estar presente, el mensaje que envía es claro: los jóvenes que bailan, los jóvenes que beben, los jóvenes que se divierten, lo hacen por su cuenta y riesgo. La seguridad no es un derecho, sino una lotería. Y este domingo, dos jóvenes perdieron. Uno de ellos, quizá, hasta la vida.


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