La presidenta Claudia Sheinbaum recibió en Palacio Nacional al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y a representantes de federaciones a horas de la inauguración del Mundial 2026. México se convierte en el primer país en albergar tres Copas del Mundo. La reunión ocurrió con blindaje de seguridad por protestas de la CNTE.
CDMX — A pocas horas del silbatazo inaugural del Mundial de Futbol FIFA 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió en Palacio Nacional al máximo mandatario del futbol mundial. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, encabezó una delegación de representantes de federaciones y confederaciones de distintos países que llegaron al recinto histórico en medio de un operativo especial, blindado por vallas metálicas y un despliegue policiaco reforzado. Afuera, las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en el Centro Histórico recordaban que el Mundial no congela el malestar social.
“En Palacio Nacional, recibí al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, así como a representantes de federaciones y confederaciones, para darles la más cordial bienvenida a este gran país. Estamos en la víspera de la inauguración en México de la Copa Mundial de Futbol 2026”, escribió la Mandataria en sus redes sociales, acompañando el mensaje con una fotografía que ya circula como la postal oficial del preámbulo mundialista. En la imagen, tomada en uno de los salones principales, Sheinbaum aparece junto a Infantino frente al trofeo de la Copa del Mundo, una pieza dorada que ocupó el centro del escenario sobre un pedestal.
La ceremonia privada tuvo un significado extradeportivo. Con esta edición, México se convierte en la primera nación en albergar tres Copas del Mundo, después de las organizaciones de 1970 y 1986. El logro, repetido por funcionarios y directivos, coloca al país en un selecto grupo de sedes históricas. Alrededor del trofeo, una veintena de representantes de organismos futbolísticos internacionales aplaudieron durante el encuentro, en una puesta en escena que combinó la solemnidad diplomática con el espectáculo global del deporte.
En la reunión participaron también Gabriela Cuevas Barron, representante del Gobierno de México para la organización de la Copa Mundial de Futbol 2026, y Rommel Pacheco Marrufo, director general de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade). La presencia de ambos funcionarios subrayó el peso político de la cita: el Mundial 2026 es un proyecto de Estado que trasciende administraciones y que la mandataria encabeza en su primer gran examen de proyección internacional.
El contraste no pasó desapercibido para los equipos de seguridad. Mientras adentro se brindaba con simbolismo mundialista, afuera el perímetro de Palacio Nacional amanació con vallas metálicas y un dispositivo policiaco reforzado debido a las movilizaciones de la CNTE en el Centro Histórico. Los dirigentes de la FIFA arribaron a bordo de varias camionetas y accedieron por los accesos blindados, ajenos al bullicio de los maestros que mantienen su presión con bloqueos y la amenaza latente de tomar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
La visita de Infantino y los dirigentes del futbol internacional se produjo así en la cuerda floja. Por un lado, la foto oficial proyecta estabilidad y orgullo patrio. Por el otro, las calles del Centro Histórico evidencian una capital atrapada entre la fiesta deportiva y la conflictividad social. Sheinbaum, que hace apenas una semana aclaraba que las empresas privadas decidirían libremente sobre home office, recibe ahora a la cúpula del futbol global con el mensaje de que México está listo. La jornada de mañana, en el Estadio Azteca, dirá si la ciudad logra sostener esa doble promesa.


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