La FGE realizó diligencias en la Vía Atlixcáyotl para reconstruir los disparos contra 11 vehículos. Hay dos heridos, pero apenas una denuncia formal. Un perito descartó la teoría del francotirador y señala disparos a ras de piso. El primer ataque ocurrió en enero de 2026.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — La Vía Atlixcáyotl, una de las arterias más transitadas de la capital poblana, se convirtió en el escenario de una investigación que mantiene en vilo a conductores y autoridades. Este sábado, agentes de la Fiscalía General del Estado (FGE) cerraron la vialidad durante dos horas para realizar una reconstrucción de los hechos relacionados con el llamado “tirador de la Atlixcáyotl”, que ha atacado al menos 11 vehículos en distintos días y horarios. El operativo provocó un intenso tráfico vehicular, mientras peritos trabajaban sobre la ciclovía para determinar la trayectoria de los disparos.
El caso, que comenzó a hacerse público en las últimas semanas, tiene antecedentes que se remontan a enero de 2026. El primer ataque ocurrió sobre el Periférico Ecológico, donde un menor de edad recibió un balazo en el rostro. Sobrevivió. Desde entonces, el tirador ha seguido operando sin ser identificado. La segunda víctima fue un motociclista que recibió un disparo en el tobillo mientras circulaba por la zona de Angelópolis. Los ataques suman ya 11 y han dejado dos heridos, según los registros de la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos de Alta Incidencia (Feidai).
La falta de denuncias formales es uno de los hallazgos más preocupantes. Pese a que existen 10 investigaciones de oficio por daño a la propiedad privada, la FGE ha recibido apenas una denuncia formal, interpuesta por un conductor que fue atacado el 16 de junio a la altura del Puente del Niño Poblano. Este subregistro reproduce el patrón documentado en otros delitos en Puebla: las víctimas no acuden a las autoridades, sea por desconfianza, temor o desánimo, lo que alimenta un ciclo de impunidad en el que los agresores operan sin consecuencias.
El perito en balística Edgar Musalem puso en duda la teoría del francotirador que circuló en redes sociales, donde un video mostraba a un motociclista siendo apuntado por un láser desde un edificio. Según Musalem, los orificios de bala en los vehículos atacados indican disparos perpendiculares, lo que apunta a que el agresor dispara a ras de piso, no desde una posición elevada. El calibre utilizado, 9 milímetros, refuerza la hipótesis de que podría tratarse de una sola persona, aunque las autoridades no descartan la participación de múltiples sujetos.
El cierre de la Vía Atlixcáyotl fue una medida inusual que refleja la presión pública sobre el caso. La FGE informó que el objetivo fue “determinar con precisión el punto de impacto y establecer, mediante análisis técnico-científicos, la probable dirección de origen de los disparos”. Sin embargo, la investigación ha avanzado lentamente: el primer ataque ocurrió hace cinco meses y apenas ahora se realizan diligencias de campo de esta magnitud. La fiscal Idamis Pastor ha supervisado personalmente el caso, pero el silencio oficial sigue siendo la norma.
El “tirador de la Atlixcáyotl” no es un sicario ni un ejecutor de ajustes de cuentas. Es una figura anónima que dispara contra vehículos en movimiento, hiere a menores y motociclistas, y siembra el terror en una de las vialidades más importantes de la ciudad. Mientras la FGE acumula investigaciones de oficio y los conductores evitan denunciar, el tirador sigue libre, sin rostro, sin identidad. Once ataques, dos heridos, un menor en el rostro, un motociclista en el tobillo y apenas una denuncia formal. En Puebla, la violencia también se mide en el número de personas que prefieren no contar su historia.


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