La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, sostuvo una reunión con la Organización Operativa Territorial en Puebla sin la dirigente estatal Olga Romero Garci-Crespo, quien llegó tarde y apenas alcanzó a posar para las imágenes que Montiel difundió en redes sociales.

PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — Ariadna Montiel llegó a Puebla con sigilo de operación política y se fue con la foto perfecta. En el salón JP de la colonia San Manuel, la presidenta nacional de Morena encabezó una reunión con la Organización Operativa Territorial (COT), donde el coordinador César Addi Sánchez rindió un informe que, según testigos, incluyó láminas con la penetración morenista en Puebla capital y la delineación de estrategias electorales. La palabra "organización", tan repetida por Montiel, se convirtió en el eufemismo perfecto para una planeación electoral que ya está en marcha, aunque la dirigente nacional insista en que "nada más" fue una reunión de trabajo.

La ausencia de Olga Romero Garci-Crespo en ese encuentro no fue un accidente ni un error de agenda. La dirigente estatal de Morena, que en entregas anteriores se presentó como la portavoz del armentismo y la encargada de cerrar filas en Casa Puebla, brilló por su ausencia mientras Montiel delineaba el mapa electoral con sus operadores territoriales. Romero llegó después, cuando la reunión había terminado, para dirigir un mensaje a la militancia. Pero la verdadera función de su presencia fue otra: posar para las fotografías que luego Montiel difundiría en sus redes sociales. La coreografía fue impecable: la foto con la dirigente estatal para simular unidad, mientras la reunión real ocurrió sin ella y con quienes, en la práctica, ya operan el control territorial del partido.

Porque el informe de César Addi Sánchez no fue un simple trámite administrativo. Incluyó láminas que mostraban la penetración territorial de Morena en Puebla capital, un ejercicio de inteligencia electoral que sólo tiene sentido si se lee como la antesala de la disputa por las candidaturas de 2027. Montiel, al frente de esa sesión, no solo escuchó: delineó estrategias. Y esas estrategias, como se ha documentado en Región Global, ya tienen un ejecutor territorial en Pablo Salazar Vicentello, el hombre que Armenta puso al mando de los 2,904 comités seccionales pero que no apareció en la reunión. La pregunta incómoda es si el mensaje de Montiel fue para la estructura de Salazar o para la de Addi Sánchez, y si esa dualidad de mandos refleja una fractura o una división del trabajo en el partido oficial.

La llegada tardía de Romero a la reunión de Montiel es un síntoma más de la erosión de su liderazgo formal. La dirigente estatal, que en declaraciones anteriores aplaudía las reuniones dominicales en Casa Puebla y respaldaba cada movimiento del gobernador, ahora quedó reducida al papel de extra de lujo: la que llega cuando el plato fuerte ya se sirvió y solo queda la foto para el recuerdo. Su presencia en las imágenes que Montiel publicó en su cuenta de X no oculta la evidencia documental: Romero no estuvo en la sesión donde se definió la estrategia. Estuvo en la sesión donde se posó para la foto. Y Montiel, cómplice de la farsa, subió las imágenes como si todos hubieran estado desde el principio.

El movimiento de Montiel también envía un mensaje a los aspirantes morenistas: la dirigencia nacional está tomando el control de la operación territorial, y no necesariamente pasando por la dirigencia estatal. Laura Artemisa García, Pavel Gaspar, Andrés Villegas y el resto de los funcionarios con aspiraciones deberán leer con atención el mapa que Montiel desplegó en el salón JP. Porque ese mapa no muestra solo colonias y secciones electorales: muestra quiénes están dentro del juego y quiénes pueden quedar fuera cuando la estrategia se traduzca en candidaturas.

El episodio revela la doble verdad del morenismo poblano: la foto con Romero en redes sociales y la reunión sin Romero son dos caras de la misma moneda. Montiel necesitaba a la dirigente estatal para la postal de unidad, pero no para la sesión de planeación donde se definió el futuro electoral. La elección de 2027, en Morena, se decidirá en esa tensión entre la fachada de unidad y la realidad de los centros de poder que ya se han instalado en el territorio. Mientras tanto, Romero sigue siendo la dirigente en el papel y en las fotos, pero no en la mesa donde Montiel, Addi Sánchez y los operadores territoriales trazaron el mapa que definirá quiénes serán los candidatos del partido guinda en Puebla.

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