El ayuntamiento de Puebla presume bacheo, mantenimiento de camellones y la próxima instalación de dispositivos electrónicos y sonoros para impedir el paso a zonas inundadas. Mientras tanto, los vecinos de la colonia México 83 se organizan para vigilar el retiro de basura y tierra de la barranca que se desbordó el 28 de junio. El gobierno ofrece tecnología; la ciudadanía ofrece sus propios ojos. En Puebla, la prevención es un espejismo y la confianza un lujo que ya pocos pueden permitirse.

PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — El domingo 28 de junio, Puebla se inundó. Dos semanas después, el gobierno municipal de José Chedraui anuncia una batería de medidas que suenan a plan maestro: bacheo en vialidades, mantenimiento de 16 millones de metros cuadrados de camellones y, la joya de la corona, dispositivos electrónicos y sonoros para evitar que los automovilistas se metan a zonas inundadas. La tecnología, una vez más, se presenta como la salvación. Pero los vecinos de la colonia México 83, esos que vieron cómo el agua y el lodo entraron a sus casas, no confían en los dispositivos. Ellos mismos están vigilando el retiro de la basura y la tierra acumulada en la barranca que se desbordó. El gobierno dice que atiende; los ciudadanos dicen que no les creen.

La colonia México 83 es el termómetro de la relación entre el ayuntamiento y los poblanos. Los vecinos no esperan a que el gobierno llegue; se organizan para asegurarse de que el trabajo se haga. La barranca que se desbordó hace dos semanas sigue siendo un recordatorio de que el desastre no fue un accidente, sino el resultado de años de abandono. Mientras el gobierno municipal habla de dispositivos electrónicos, los ciudadanos de México 83 hablan de tierra, de basura, de la necesidad de que alguien, por fin, limpie lo que debería haberse limpiado antes de que lloviera.

Los dispositivos electrónicos y sonoros para impedir el paso a zonas inundadas son, en el mejor de los casos, un parche tecnológico. Suena a solución moderna, pero no ataca la raíz del problema. Los sensores no evitarán que el agua suba; solo evitarán que los autos se metan donde no deben. Es como poner un letrero en la entrada de un hospital en lugar de curar al enfermo.

El bacheo y el mantenimiento de camellones son medidas necesarias, pero insuficientes. Los baches no son el único problema de Puebla; son el síntoma de un deterioro más profundo. Y los camellones, por más verdes que estén, no retienen el agua de una tormenta. Lo que la ciudad necesita es una intervención estructural: desazolvar colectores, reforzar el drenaje, construir infraestructura pluvial que realmente funcione. Pero eso, a diferencia de un dispositivo electrónico, cuesta dinero y exige voluntad política. El gobierno de Chedraui parece preferir la solución que se instala en un día a la que requiere años de planeación.

La temporada de lluvias no ha terminado. Los radares hidrometeorológicos prevén más precipitaciones para esta tarde, con especial intensidad alrededor de las 18:00 horas. La ciudad se prepara para otro round con el agua, y el gobierno municipal sigue jugando a la tecnología mientras los vecinos juegan a la autogestión. La brecha entre el discurso oficial y la realidad ciudadana se hace más ancha cada día. Los poblanos saben que los dispositivos no los van a salvar; los poblanos saben que, cuando el agua suba, estarán solos con sus cubetas y sus organizaciones vecinales.

Chedraui tiene la oportunidad de demostrar que su gobierno no solo sabe reaccionar, sino prevenir. Pero las acciones hasta ahora indican lo contrario. La ciudad necesita menos dispositivos y más drenaje, menos camellones y más colectores, menos comunicados y más obras. Mientras tanto, los vecinos de México 83 seguirán vigilando. Porque en Puebla, la confianza se gana con hechos, no con sensores.

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