El alcalde de Puebla, José Chedraui, confirmó que el Grupo Carso, propiedad del empresario Carlos Slim, adquirió parte del Paseo de San Francisco por mil 500 millones de pesos. El proyecto contempla un complejo de usos mixtos con centro comercial y departamentos. El alcalde no reveló más detalles —dice que la empresa los dará—.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — Tampoco explicó cómo su vínculo familiar con Slim (su hijo casó con una nieta del empresario) se mantiene al margen de una decisión que podría implicar permisos municipales, cambios de uso de suelo y beneficios fiscales. La inversión es privada, pero el permiso es público. Y en esa frontera, el alcalde debe explicar si su parentesco es irrelevante o si, por el contrario, es la razón por la que Slim compró en Puebla.
Lo cierto es que el Paseo de San Francisco tiene nuevo dueño. O al menos, una parte. Carlos Slim, el hombre más rico de México, desembolsó mil 500 millones de pesos para adquirir una fracción del centro comercial y una fábrica en la zona. El alcalde José Chedraui lo confirmó con la naturalidad de quien anuncia una obra pública: "Es una inversión privada", dijo. Pero la inversión privada llega con un detalle que el alcalde no mencionó: su hijo está casado con una nieta de Slim. El vínculo familiar no es un dato menor; es el elefante en la sala de un anuncio que el ayuntamiento deberá acompañar con permisos, licencias y, quizás, cambios de uso de suelo. Chedraui insiste en que los detalles los dará la empresa. Pero la empresa no pedirá los permisos; la empresa los solicitará al ayuntamiento que él preside.
El proyecto, según lo que se sabe, busca convertir el Paseo de San Francisco en un complejo de usos mixtos: centro comercial renovado y edificio de departamentos interconectados. La idea es aumentar la afluencia y reactivar la economía de la zona. Suena a plan de desarrollo urbano, pero también suena a negocio inmobiliario de alto rendimiento. Y en ese negocio, el ayuntamiento tiene la llave de los permisos. La pregunta que los ciudadanos de Puebla tienen derecho a hacer es si Slim eligió Puebla por su potencial comercial o porque el alcalde es su familiar político.
La opacidad con la que Chedraui maneja el anuncio no ayuda a disipar las dudas. El alcalde dice que no puede revelar el tipo de desarrollo porque "será la propia empresa la encargada de anunciarlo". Pero ya reveló la compra, ya reveló el monto y ya reveló la ubicación. ¿Por qué el proyecto es secreto y la compra no? La respuesta oficial es que el anuncio corresponde al inversor. La respuesta práctica es que el alcalde prefiere que la noticia del vínculo familiar y la inversión se diluyan en el tiempo, en lugar de enfrentarlas de frente.
El conflicto de interés no es una acusación; es una pregunta que el alcalde debe responder. ¿El ayuntamiento otorgará beneficios fiscales a Grupo Carso? ¿Habrá cambios en el uso de suelo que favorezcan el proyecto? ¿Se agilizarán los trámites por el parentesco? La ley de responsabilidades administrativas es clara: los servidores públicos deben abstenerse de participar en decisiones que beneficien a familiares o personas con las que tengan relaciones personales. Pero la ley se cumple cuando se aplica, y la aplicación requiere transparencia. Hasta ahora, el alcalde no ha dicho si se apartará de las decisiones relacionadas con el proyecto.
La inversión de Slim en Puebla es una noticia económica importante. Pero es también una prueba de fuego para la administración de Chedraui. Si el proyecto se tramita con normalidad, con transparencia y sin privilegios, la ciudadanía podrá confiar en que el vínculo familiar no influyó. Pero si los permisos se otorgan en silencio, si los beneficios fiscales no se discuten en el Cabildo o si los cambios de uso de suelo se aprueban sin debate, la sospecha será inevitable. Y la sospecha, en política, es un veneno que no necesita pruebas para hacer efecto.
El Paseo de San Francisco puede convertirse en un polo de desarrollo o en un símbolo de nepotismo. La diferencia no está en el proyecto, sino en la forma en que se gestiona. Chedraui tiene ahora la oportunidad de demostrar que la relación familiar con Slim es irrelevante. Pero para demostrarlo, debe hacer lo contrario de lo que está haciendo: transparentar, explicar y abrir el proceso a la ciudadanía. Porque una inversión de mil 500 millones de pesos no se anuncia en una entrevista; se anuncia con rendición de cuentas. Y la rendición de cuentas, en Puebla, sigue siendo la asignatura pendiente.


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