El alcalde de Puebla, José Chedraui, encabezó la aprobación del Atlas Municipal de Riesgos, una herramienta digital con algoritmos y mapas que promete anticipar desastres y mejorar la respuesta institucional. La plataforma, desarrollada con software libre, fue presentada como un avance tecnológico en la Primera Sesión del Consejo de Gestión de Riesgos. El problema es que la ciudad ya se inundó el 28 de junio y ya colapsó el Vaso Regulador Puente Negro. El Atlas llega tarde, como casi todo en esta administración, pero al menos llega con una promesa: que la próxima vez, quizá, el agua no se lleve a nadie.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — El domingo 28 de junio, Puebla capital se convirtió en un río. Las calles se inundaron, los árboles cayeron. Diez días después, el presidente municipal José Chedraui se paró frente al Consejo Municipal de Gestión de Riesgos para presentar el Atlas Municipal de Riesgos, una plataforma digital que, según el comunicado oficial, permite "identificar zonas de peligro, riesgo y vulnerabilidad" y "anticipar escenarios de emergencia". La herramienta suena a ciencia ficción aplicada a la gestión municipal, pero la realidad es que la ciudad ya se ahogó sin necesidad de algoritmos para saber que el drenaje no funciona.
El Atlas es, en teoría, un avance. Está desarrollado con software libre, lo que elimina costos de licenciamiento y le da autonomía tecnológica al municipio. Incorpora un módulo de emergencias que mapea incidentes y optimiza tiempos de respuesta. Incluye herramientas de consulta ciudadana y análisis especializado. Todo suena a plan maestro. Pero la ciudadanía que sacó cubetas de sus casas el 28 de junio no necesita un mapa digital para saber dónde se inundó; lo sabe porque lo vivió. Lo que necesita es que el gobierno actúe con la misma rapidez con que presenta proyectos tecnológicos.
La ironía de la presentación del Atlas no es menor: el mismo día en que se aprobó la herramienta, el gobierno municipal seguía atendiendo los estragos de la tormenta. El Vaso Regulador Puente Negro seguía al borde del desbordamiento, el bulevar 5 de Mayo seguía siendo una piscina y los vecinos de las colonias afectadas seguían preguntándose cuándo llegarían las obras que eviten que esto se repita. El Atlas no repara calles, no limpia colectores, no refuerza el drenaje. El Atlas es un diagnóstico, pero el tratamiento sigue sin llegar.
El discurso oficial insiste en que la herramienta servirá para "priorizar programas y obras". Pero los programas y obras que se han priorizado en esta administración no son precisamente los que la ciudad necesita. Mientras el Cablebús avanza en su consulta pública y el Atlas se presenta como un logro, las alcantarillas de la ciudad siguen siendo las mismas que colapsaron en 2012 y que el gobierno estatal culpa al PAN por haber construido mal. La tecnología es un complemento, no un sustituto. Y en Puebla, parece que el gobierno ha decidido que el mapa es más importante que el territorio.
El nombramiento de Adriana Zárate Miranda como secretaria técnica del Consejo sugiere que hay voluntad de darle seguimiento al tema. Pero la voluntad, en política, se mide en presupuesto y acción, no en comunicados. El Consejo de Gestión de Riesgos debe convertirse en un órgano con poder real, no en una mesa de diálogo donde se toman decisiones que luego se diluyen en la burocracia. La ciudad necesita que el Atlas sea el inicio de una política de prevención, no el final de una lista de buenas intenciones.


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