HIPÓTESIS
El Padre y el partero
HIPÓTESIS | Política en Puebla para iniciados
El Coordinador General de Delegados Territoriales de Morena, Pablo Salazar Vicentello, confirmó que en agosto y septiembre se designarán coordinadores distritales, pero aclaró que esos cargos no garantizan la candidatura para la elección de 2027, aunque admitió que "la mayoría" terminan siéndolo.

PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — Pablo Salazar Vicentello, el hombre que el gobernador Alejandro Armenta puso al mando de los 2,904 comités seccionales de Morena, ha dado una lección de cinismo político con todas las de la ley. En sus declaraciones más recientes, el Coordinador General de Delegadas y Delegados Territoriales confirmó que este año se designarán coordinadores distritales federales, locales y municipales. Pero, según él, "no son candidatos". La ley electoral, dice, no lo permite. La mayoría, sin embargo, terminan siéndolo. La aclaración es tan útil como un paraguas en un huracán, pero revela todo el mecanismo de la simulación morenista.

El baile de las designaciones ya tiene fecha: las convocatorias de agosto y septiembre, las mismas que el vocero Agustín Guerrero mencionó en fechas anteriores, son el primer paso de un proceso que Salazar se encargará de operar desde su trinchera territorial. Pero el propio operador del gobernador se apresuró a despejar cualquier duda: esos coordinadores no son candidatos, aunque "la mayoría" sí lo son. La frase, leída con atención, es una confesión involuntaria: el partido designa una estructura que, en la práctica, se convierte en la cantera de las candidaturas. La distinción jurídica es la excusa perfecta para que el control territorial se ejerza sin que los reflectores se posen sobre el dedo que señala a los ungidos.

Salazar, en su doble calidad de operador de Armenta y vocero de un proceso que él mismo coordinará, fue más allá: "Cuando se eligen formalmente los candidatos pasan muchas cosas". La frase, cargada de un tono que oscila entre la advertencia y la profecía, es un recordatorio brutal para los aspirantes que sueñan con que el cargo de coordinador distrital sea un boleto dorado. No importa cuánto hayan trabajado la estructura ni cuántas reuniones en Casa Puebla hayan soportado un domingo: el partido, dice Salazar, "puede cambiar de opinión y darla al perfil mejor evaluado por la población".

¿Encuestas al pueblo? El pueblo, esa abstracción que los morenistas invocan como si fuera un oráculo, no tiene acceso a los mecanismos de designación. Los comités seccionales, los enlaces distritales y los coordinadores territoriales ya están bajo el control de Salazar, quien a su vez responde al gobernador. Las encuestas, cuando lleguen, no medirán la voluntad popular: medirán la capacidad de cada aspirante para haber navegado la estructura que el propio Salazar coordinará. Es el viejo truco del mago: mostrar la mano que no hace nada mientras la otra maneja los hilos.

Mientras tanto, los aspirantes morenistas —Pavel Gaspar, Andrés Villegas, Laura Artemisa García y el resto de aspirantes— observan el calendario y calculan sus movimientos. Saben que agosto y septiembre no son fechas menores: son el momento en que Salazar Vicentello, el arquitecto del control territorial, informará quiénes entran al juego y quiénes se quedan fuera antes de que las "encuestas ciudadanas" formalicen lo que ya está decidido. La "encuesta" es el certificado de nacimiento político; la designación de coordinadores es la concepción. Y en esta gestación, el padre es Armenta y el partero es Salazar.

Así que no nos llamemos a engaño: cuando Salazar dice que "no son candidatos", está diciendo la verdad jurídica. Pero cuando añade que "la mayoría terminan siendo candidatos", está diciendo la verdad política. La diferencia entre ambas es el espacio donde se construye la simulación. La elección de 2027, en Morena, no se decidirá en las urnas ni en las encuestas: se decidirá en los despachos del gran elector y Salazar Vicentello, en las convocatorias de agosto y septiembre, y en la capacidad del gobernador para mantener el control de un partido que ya no disimula su condición de apéndice. El resto es ruido, y el ruido, en esta temporada preelectoral, ya es ensordecedor.

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