El síndico municipal de Zacatlán, Yamal Lastiri, impulsa el programa "Centinelas de la Seguridad" con instalación de luminarias en colonias y juntas auxiliares, apoyado por donaciones de la sociedad civil. Pero los ciudadanos han encendido sus propias luces de alerta: cuestionan si las luminarias son financiadas con recursos públicos (desvío) o privados (opacidad), y exigen saber por qué un funcionario cuya función es auditar el gasto público está repartiendo reflectores mientras el municipio sigue a oscuras en calles que nadie atiende. ¿Vigilancia ciudadana o campaña con luz ajena?
ZACATLÁN, PUEBLA. — Yamal Lastiri tiene un programa que suena a obra de bien común: "Centinelas de la Seguridad", una iniciativa que instala luminarias en colonias y comunidades de Zacatlán para "prevenir el delito y fortalecer la organización vecinal". El síndico municipal, cuya función legal es vigilar el dinero público, la legalidad del Ayuntamiento y el patrimonio de todos, se ha convertido en el rostro visible de estas acciones. En sus redes sociales, Lastiri promociona la instalación de reflectores y llama a los ciudadanos a solicitar más. Pero los vecinos han empezado a preguntarse si están ante un síndico que cumple su deber o ante un aspirante en precampaña que utiliza las carencias del pueblo como trampolín político.
La pregunta que circula entre los ciudadanos de Zacatlán es incómoda y lógica: ¿de dónde salen las luminarias? Si fueron compradas con recursos del Ayuntamiento, Lastiri estaría incurriendo en un delito electoral y desvío de recursos. No se puede usar la infraestructura municipal ni el dinero de los impuestos para colgarse medallas personales, mucho menos cuando el síndico debería estar auditando precisamente que eso no ocurra. Si, por el contrario, las luminarias son donadas de su propio bolsillo o de particulares, la opacidad es igual de grave: ¿cómo justifica un servidor público en funciones el capital para financiar obras que le corresponden al gobierno? ¿Por qué prefiere usar recursos en su promoción personal en lugar de donarlos institucionalmente para que se apliquen donde el plan de desarrollo municipal realmente lo requiere?
La contradicción es absoluta. La función del síndico es fiscalizar, no suplir a las áreas de obra pública. Es vigilar que el dinero se aplique correctamente, no repartir reflectores como si fuera un proveedor de servicios. Pero la realidad de Zacatlán es que muchas calles siguen a oscuras, los servicios públicos acumulan rezagos y el Ayuntamiento parece no cumplir con su obligación de mantener la infraestructura urbana. En ese vacío, Lastiri ha encontrado un nicho de oportunidad: iluminar donde el gobierno no lo ha hecho, y de paso, iluminar su propia imagen política.
Los ciudadanos no son ingenuos. Saben que la instalación de luminarias no es un acto de caridad, sino una inversión política. Y saben que el síndico, al asumir el rol de proveedor, está generando un conflicto de interés que la administración municipal debe explicar. ¿Existe algún vínculo de Lastiri con los proveedores de las luminarias? ¿Hay algún contrato o convenio de por medio? ¿O es todo parte de una estrategia de posicionamiento personal que utiliza la necesidad de los vecinos como combustible? Las preguntas son más brillantes que las propias luminarias.
El programa "Centinelas de la Seguridad" podría ser una iniciativa legítima si estuviera coordinada con el Ayuntamiento, si los recursos fueran transparentes y si el síndico actuara como parte de un equipo, no como un actor independiente que reparte beneficios a cambio de simpatía. Pero la forma en que Lastiri ha manejado la comunicación —pidiendo que los ciudadanos se comuniquen directamente a su página de Facebook— sugiere que el destinatario final del programa es él mismo, no el municipio. Es una campaña de promoción personal envuelta en una campaña de seguridad ciudadana.
Yamal Lastiri tiene la obligación de responder a los ciudadanos. Explicar de dónde vienen los recursos, por qué actúa fuera de su ámbito de funciones y si tiene intención de competir por algún cargo en el futuro. Mientras tanto, los vecinos de Zacatlán seguirán preguntándose si el síndico es un funcionario que cuida el dinero público o un político que aprovecha la oscuridad de las calles para encender su propia carrera. La transparencia, como la luz, es necesaria. Pero en Zacatlán, parece que solo se enciende cuando conviene.


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