La alcaldesa de Teziutlán, Karla Martínez Gallegos, aseguró que no fue convocada a la reunión del 3 de julio en Chignautla, donde habitantes y la organización Ti Nochin abordaron el conflicto por el agua potable que mantiene a gran parte del municipio sin suministro. Mientras la Línea 20 permanece cerrada, el gobierno municipal ofrece pipas como solución provisional. La invitación formal que recibió Martínez es para una mesa con Gobernación el 7 de julio. Parece que la única convocatoria que importa es la que el alcalde de Chignautla decidió no enviarle.

TEZIUTLÁN, PUEBLA. — En Teziutlán, el agua no llega por las tuberías pero las excusas fluyen en abundancia. La presidenta municipal Karla Martínez Gallegos salió a dar la cara —o al menos la voz— para explicar por qué su municipio está seco mientras Chignautla decidió cerrar las válvulas de la Línea 20. La versión oficial es que ella no fue convocada a la reunión del 3 de julio, aquella que organizaron habitantes y la agrupación Ti Nochin para tratar el tema. Según Martínez, el único papel que recibió fue una invitación formal de la Secretaría de Gobernación para una mesa de trabajo programada para el 7 de julio. El resto, dice, fueron ruidos de fondo. O quizá, el sonido de una válvula cerrándose a propósito.

El cierre de la Línea 20 no es un fenómeno natural. Es una decisión política que tiene nombre y apellido, aunque Teziutlán prefiera no darlos. El agua que abastece a gran parte del municipio dejó de fluir porque Chignautla decidió que ya no quería compartirla o, más probablemente, que quería negociar algo a cambio. La reunión del 3 de julio era el escenario donde los habitantes de Chignautla y la organización social pretendían sentar postura, pero la alcaldesa dice que no le avisaron. ¿Omisión? ¿Desaire? ¿Estrategia de exclusión? Cualquiera de las tres opciones revela que el conflicto no es técnico, sino político, y que las partes involucradas están jugando a quién se queda sin agua y quién se queda con el micrófono.

El gobierno municipal de Teziutlán respondió con una medida tan predecible como insuficiente: pipas de agua gratuitas para las colonias afectadas. La medida, difundida en un comunicado que suena a manual de emergencia, tiene el mérito de atender la urgencia, pero también la limitación de ser una solución provisional que no ataca la raíz del problema. Mientras los camiones cisterna recorren las calles, los ciudadanos se preguntan por qué el agua que antes llegaba por la llave ahora solo llega por una manguera que depende de la voluntad del gobierno municipal. La respuesta, por supuesto, no está en el comunicado.

La exclusión de Martínez de la reunión del 3 de julio es el síntoma de un conflicto que va más allá del agua. Chignautla y Teziutlán no solo pelean por un recurso; pelean por el control de la narrativa, por la capacidad de sentarse a la mesa y por la legitimidad para decidir. La organización Ti Nochin y los habitantes de Chignautla decidieron no incluir a la alcaldesa en su reunión, lo que sugiere que la desconfianza hacia su administración es profunda. Y la desconfianza, cuando se trata de agua, es un lujo que ningún municipio puede permitirse.

La mesa de trabajo convocada por Gobernación para el 7 de julio es el verdadero termómetro del conflicto. Allí, sentados en la misma sala, estarán las autoridades de ambos municipios y los representantes estatales. El resultado de esa reunión definirá si el agua vuelve a fluir o si el conflicto se enquista por semanas o meses. Porque cuando el agua se convierte en moneda de cambio, los ciudadanos son siempre los que pagan la factura. Y en Teziutlán, la factura está llegando en forma de pipas que no llenan ni la mitad de la necesidad.

Karla Martínez asegura que no le enviaron invitación, como si la falta de un papel justificara su ausencia en un conflicto que afecta a su propio municipio. Pero los ciudadanos no piden invitaciones; piden soluciones. Y la solución, en este caso, no pasa por señalar quién convocó o dejó de convocar, sino por sentarse a negociar sin importar el tamaño del escritorio. El 7 de julio es la fecha límite. Teziutlán espera que la alcaldesa llegue con propuestas, no con disculpas.

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