La Selección Mexicana perdió 3-2 ante Inglaterra en los octavos de final del Mundial 2026, en un partido donde los errores defensivos del Tri fueron capitalizados por Jude Bellingham y Harry Kane. Julián Quiñones y Raúl Jiménez acortaron distancias para México, que jugó con ventaja numérica desde el minuto 54 por la expulsión de Jarell Quansah, pero no pudo concretar la remontada.
CDMX — El sueño terminó. La Selección Mexicana peleó hasta el último aliento, pero sus errores pesaron como una losa y el marcador final de 3-2 ante Inglaterra en los octavos de final del Mundial 2026 dejó al país con el sabor amargo de lo que pudo ser y no fue. En un partido de emociones encontradas en el Estadio Ciudad de México, el Tri mostró carácter, garra y momentos de buen futbol, pero la calidad individual de los ingleses y las fallas propias en zona defensiva terminaron por inclinar la balanza del lado británico. La afición, que abarrotó el coloso de la colonia Cuauhtémoc, despidió a su equipo con un aplauso que reconocía el esfuerzo, pero que no pudo ocultar la decepción de ver frustrada la ilusión de alcanzar los cuartos de final, una meta que sigue siendo un espejismo desde 1986.
El partido comenzó con un intercambio de golpes que presagiaba un duelo vibrante. Julián Quiñones, el delantero naturalizado que se ha ganado el cariño de la afición a base de entrega y goles, abrió el marcador para México al minuto 42. Un mal rechace de un zaguero inglés cayó en los pies del atacante, que no desaprovechó la oportunidad para vencer a Jordan Pickford y poner el 1-0 en el marcador. El silencio en las gradas inglesas contrastaba con el estruendo de la afición mexicana, que veía cómo su equipo se adelantaba en el marcador. Sin embargo, la alegría duró apenas lo que tardó Inglaterra en reaccionar. Jude Bellingham, el joven prodigio del Real Madrid, demostró por qué es considerado uno de los mejores del mundo y, con un doblete, dio la vuelta al marcador antes del descanso. El primero, un disparo desde fuera del área que se coló en el ángulo, y el segundo, una definición de clase tras una jugada individual que desarmó por completo a la defensa mexicana. El 2-1 al medio tiempo era un reflejo de la efectividad inglesa, pero también de las grietas defensivas que el Tri no pudo sellar a tiempo.
El segundo tiempo trajo consigo un giro inesperado. Al minuto 54, Jarell Quansah, defensa inglés, cometió una entrada criminal por la banda sobre Jesús Gallardo. El central iraní Alireza Faghani, árbitro del encuentro, tuvo que acudir al VAR para tomar una decisión que cambiaría el rumbo del partido: expulsión directa para el defensor británico. Inglaterra se quedó con un hombre menos y México, con el aliento de su afición, se lanzó al ataque en busca del empate. La presión dio frutos al minuto 69, cuando Raúl Jiménez, el histórico goleador del Tri, acertó un tiro penal que venció nuevamente a Pickford. El meta inglés, que en la primera parte había evitado con un manotazo espectacular un remate de cabeza del propio Jiménez, no pudo hacer nada esta vez. El 2-2 encendió la esperanza en el estadio y parecía que la remontada era cuestión de tiempo.
Sin embargo, el futbol tiene una forma cruel de castigar las ilusiones. Harry Kane, el capitán inglés y uno de los mejores delanteros del planeta, apareció cuando su equipo más lo necesitaba. Aprovechando una desconcentración en la zaga mexicana, el goleador del Bayern Múnich definió con precisión para poner el 3-2 definitivo. El gol fue un baldazo de agua fría para un equipo que había dado todo en el terreno de juego. Los últimos minutos, la desesperación hizo estragos en el equipo de Javier Aguirre. Los pases de rutina comenzaron a fallar, el orden táctico se desdibujó y los ataques se volvieron erráticos. Inglaterra, con un hombre menos, supo administrar su ventaja y se replegó para defender el resultado. La afición, que no dejó de alentar ni un segundo, entendió que el final estaba cerca.
El silbatazo final confirmó la eliminación. México se despide del Mundial en octavos de final, una vez más, con la sensación de que los detalles marcaron la diferencia. Los errores defensivos, la falta de concentración en momentos clave y la efectividad de un rival que no perdona fueron los factores que inclinaron la balanza. Julián Quiñones y Raúl Jiménez dejaron su huella en el marcador, pero no fue suficiente para superar a una Inglaterra que, a pesar de las dudas mostradas en partidos anteriores, demostró su jerarquía en los momentos decisivos. El cuadro de Thomas Tuchel avanzó con vida y buscará el pase a la semifinal ante Noruega, el próximo sábado en Miami. Para México, el regreso a casa será doloroso, pero también dejará enseñanzas: el equipo peleó, compitió y mostró que está cerca de los grandes, pero aún le falta ese último paso para romper la maldición de las eliminatorias directas. La esperanza, sin embargo, no muere. El futbol mexicano sigue su camino. El sueño de los cuartos de final sigue pendiente.


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