El desbordamiento de la planta tratadora de agua en el fraccionamiento Hacienda de los Sauces, Huejotzingo, derribó la barda perimetral y provocó una corriente que arrasó con decenas de vehículos y causó graves afectaciones a viviendas, tras la tormenta de este domingo. Vecinos exigen apoyo sin respuesta, mientras el ayuntamiento de Roberto Solís asegura tener desplegadas a Protección Civil, Seguridad Pública y Marina, pero no emite un balance oficial ni aclara si hay víctimas.

HUEJOTZINGO, PUEBLA. — El agua que debía ser tratada se convirtió en un río. La planta tratadora del fraccionamiento Hacienda de los Sauces, en Huejotzingo, no soportó la tormenta del domingo 5 de julio y explotó en una cascada de aguas negras, lodo y despojos que derribó la barda perimetral como si fuera de cartón. La corriente, imparable, se llevó decenas de vehículos y golpeó viviendas con la furia de quien no avisa. Los vecinos, aún en shock, exigen ayuda. El ayuntamiento, por ahora, solo ofrece el silencio como respuesta.

El presidente municipal Roberto Solís asegura que Protección Civil, Seguridad Pública y hasta la Marina ya están desplegados. También SOSAPAHUE, el organismo operador del agua, recorre los puntos críticos. Pero mientras los funcionarios se organizan, los afectados cuentan sus pérdidas y el agua sigue encharcando lo que antes eran calles. El discurso del despliegue contrasta con la ausencia de un comunicado oficial que ofrezca cifras, balances o, al menos, un pronóstico de cuándo volverá la normalidad.

El desastre de Huejotzingo no es un accidente aislado. Es la consecuencia de una infraestructura que no fue diseñada para el clima actual, de una planeación que ignoró los márgenes de seguridad y de una supervisión que, como en el caso de la planta tratadora, delegó en la suerte lo que debía ser responsabilidad técnica. ¿Quién autorizó la operación de una planta que no resiste una tormenta? ¿Quién supervisa que los muros perimetrales no cedan ante el peso del agua?

La respuesta del ayuntamiento, hasta ahora, ha sido la misma que en Puebla capital: declaraciones de despliegue, promesas de atención y un silencio cómplice sobre las causas de fondo. Roberto Solís habla de brigadas, pero no de responsabilidades. Los vecinos, mientras tanto, se enfrentan a la incertidumbre de no saber si el apoyo llegará antes de que el agua vuelva a subir, o si este desastre será otro capítulo en la larga lista de omisiones.

Huejotzingo no es un caso menor: es una extensión de la misma negligencia que ya cobró una vida en la Recta a Cholula, que mantiene en vilo a municipios conurbados y que convierte cada tormenta en una ruleta rusa. La planta tratadora se desbordó, pero la pregunta que queda flotando en el lodo es más incómoda: ¿cuántos desbordes más tendrán que ocurrir antes de que las autoridades decidan actuar antes de que el agua los obligue?

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