Thevenet llegó a Latinoamérica hace varios años para emprender. Pasó tres años como cofundador de una startup antes de alejarse poco a poco de las operaciones para dedicarse a algo que, asegura, lo enganchó casi por accidente: crear contenido. Lo que comenzó como una estrategia de adquisición de clientes para su propia empresa se convirtió en un newsletter sobre el ecosistema startup de América Latina y, eventualmente, en la puerta que lo llevó al venture capital. Hoy es venture partner en Zenani Capital, donde invierte en startups de impacto en etapas tempranas en la región.
El primer error: querer hablarle a todo el mundo
La falla más común que observa en los founders que intentan construir presencia en LinkedIn es querer comunicar a todo el mundo. "Es de querer comunicar a todo el mundo. No quieren ser ellos mismos, no quieren ser reales, quieren ser lo más básico posible para no ofender a nadie y para no cerrarse puertas", explica. El resultado, afirma, es exactamente el contrario al que buscan. "Terminas hablando a nadie."
Para Thevenet, el problema de fondo es el miedo a exponerse. Crear contenido auténtico implica tomar postura, y eso significa que algunas personas estarán de acuerdo y otras no. Él mismo lo experimenta todos los días. "Hay cosas que no son críticas vacías y que te ayudan a reflexionar sobre tu contenido. Otras solo son insultos, y ahí yo bloqueo." Sin embargo, distingue claramente entre la crítica constructiva y el ruido que no aporta valor.
La IA no tiene opinión, y por eso ya no compite
Antes, explica, bastaba con publicar un post genérico del tipo "tres consejos para hacer crecer tu startup" para obtener resultados. Hoy ese tipo de contenido ha perdido valor porque la inteligencia artificial puede producirlo mejor y más rápido que cualquier persona. La consecuencia no es el fin del contenido como canal de adquisición, sino un cambio hacia aquello en lo que los usuarios realmente invierten su tiempo: las experiencias reales.
Thevenet observa este escenario con optimismo, ya que obliga a pasar más tiempo en el mundo real para poder seguir creando contenido relevante. Su propia producción, asegura, se ha vuelto más personal, construida sobre análisis y opiniones propias que, aunque a veces aciertan y otras no, son genuinamente suyas.
Thevenet compara este momento con otros ciclos que ya ha visto en marketing y adquisición de clientes. Primero dominaron las llamadas en frío, después llegaron los anuncios pagados y posteriormente el contenido. Cada canal termina saturándose cuando todos lo utilizan de la misma manera y entonces surge una nueva alternativa. Lo que ocurre actualmente con la IA, afirma, responde a esa misma lógica. "Veo cuentas que crean muchísimo contenido con IA y tienen un like, dos likes, cero likes. Puedes publicar cien posts al día, pero si no funciona no sirve para nada."
¿Cuándo debería un founder tomarse en serio LinkedIn?
La respuesta de Thevenet es clara: desde el día uno, aunque reconoce que no es el canal adecuado para todas las personas. Antes de dedicarse por completo a la creación de contenido, trabajó como consultor de growth y aprendió que cada fundador suele destacar de manera natural en un canal distinto, ya sea ventas, publicidad pagada o contenido. La clave está en identificar esa fortaleza y comprometerse con la constancia necesaria, ya que sin un interés genuino por crear contenido resulta muy difícil mantener la disciplina suficiente para obtener resultados.
Para él, el valor de LinkedIn va mucho más allá de conseguir leads de inversión. "Te abre puertas para todo, para encontrar usuarios, un nuevo trabajo, todo." Incluso desde su posición como inversionista, sostiene que la plataforma funciona menos como un canal donde los founders lo buscan directamente y más como una carta de presentación que valida su criterio antes de concretar una llamada o una reunión.
La conclusión que deja Arnaud Thevenet para quienes creen que la inteligencia artificial terminará homogeneizando el contenido en LinkedIn es contundente: la saturación ya está en marcha y la salida no consiste en escribir más rápido, sino en escribir con mayor autenticidad, aunque eso implique, en determinados momentos, resultar controversial.


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