La Agencia de Trenes y Transporte Público Integrado (ATTRAPI) dejó fuera del Programa 2026-2030 la ruta México-Puebla-Veracruz, pese a los 117 millones de pesos gastados en estudios. Puebla no recibirá inversión ferroviaria, mientras el centro-norte se conecta con 3,300 kilómetros de vías. La exclusión profundiza la desindustrialización y la informalidad (70.9%) en la entidad.
Mexconomy — El 30 de junio de 2026, el Diario Oficial de la Federación publicó el Programa Institucional de la Agencia de Trenes y Transporte Público Integrado (ATTRAPI) 2026-2030. El documento, firmado por el secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Jesús Antonio Esteva Medina, establece con precisión las rutas ferroviarias que se construirán en los próximos años. No hay lugar a dudas: la ruta México-Puebla-Veracruz no aparece ni en las líneas de acción prioritarias ni en los estudios de prefactibilidad para el mediano plazo. Puebla ha quedado fuera del mapa ferroviario del segundo piso de la transformación.
La decisión no es técnica, es política y presupuestal. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha priorizado el corredor centro-norte del país: AIFA-Pachuca, Ciudad de México-Querétaro, Querétaro-Irapuato y Saltillo-Nuevo Laredo son las rutas que recibirán inversión inmediata. A estas se suman, en etapa de estudio, los tramos hacia Guadalajara, San Luis Potosí, Nogales y Los Mochis. El compromiso de construir 3,300 kilómetros de nuevas vías ya está totalmente asignado. Para Puebla, que ha pagado más de 117 millones de pesos en estudios de viabilidad desde 2025 —incluyendo un contrato de 13.3 millones a la empresa URS Corporation México— no hay espacio. La promesa de campaña de la presidenta y del gobernador Alejandro Armenta se queda en el papel.
La exclusión no es un simple revés simbólico. Es una sentencia económica. Puebla que ya se desindustrializa: la manufactura perdió 47 mil empleos en el último año, la informalidad laboral alcanza el 70.9% y las condiciones críticas de ocupación suben al 46.3% . El tren de pasajeros habría sido un motor de formalización, generando empleos directos e indirectos en construcción, operación y servicios complementarios. Sin él, la economía poblana queda atrapada en la precariedad y la “amorfia económica” —la mutación de la industria y la agroindustria hacia el comercio informal— que ya se observa en el Área Metropolitana de Puebla y el Valle de Tehuacán.
El impacto en la conectividad y la logística es igualmente devastador. El corredor ferroviario habría reducido los costos de traslado de mercancías y personas entre la capital del país, el puerto de Veracruz y el centro industrial de Puebla, atrayendo inversión privada y facilitando el comercio. Al quedar fuera, Puebla se estanca en su capacidad logística mientras Querétaro, Guanajuato y Nuevo León se integran a una red moderna que los vuelve más competitivos. La señal para la inversión privada es clara: Puebla no es prioritaria. Empresas que podrían haber considerado al estado como sede de nuevas plantas o centros de distribución mirarán hacia el centro-norte, donde el Estado garantiza infraestructura de clase mundial.
El Programa de la ATTRAPI reconoce el problema de la dependencia del autotransporte y la aviación para distancias medias, pero su solución beneficia solo a una región. La meta de 38 nuevas estaciones y la integración urbana de los trenes de pasajeros se concentrará en el Bajío y el Norte. Puebla, con sus más de 3.1 millones de habitantes en la Zona Metropolitana y su vocación industrial, queda fuera de la justicia territorial que el propio plan dice promover. La exclusión no es un descuido: es una decisión que profundiza las desigualdades regionales y condena a una entidad clave del centro del país a un desarrollo de segunda velocidad.
Fuente: Programa Institucional de la ATTRAPI 2026-2030 (DOF 30/06/2026); estimación de inversión con base en los 3,300 km de vías a $28 millones/km aproximadamente. Elaboración propia. La ruta México-Puebla-Veracruz no aparece en el plan.
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