El síndico y los regidores de Acatlán de Osorio viajaron a la capital para denunciar la crisis que vive su municipio bajo el mandato de Guadalupe Bárcenas: amenazas, bloqueos institucionales, falta de obras y una Fiscalía que les abrió carpetas de investigación por oponerse a la alcaldesa. El Gobierno del Estado los ha ignorado; el Cabildo está partido en dos; las juntas auxiliares están inconformes; y el pueblo ya plantó su propio campamento en la presidencia municipal. Acatlán no es un municipio, es un campo de batalla donde el poder se defiende con todo menos con argumentos.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — El zócalo de Puebla fue el escenario donde los regidores y el síndico de Acatlán de Osorio decidieron plantar su propia bandera. No llevaron recursos públicos ni escoltas oficiales, porque, según sus propias palabras, llegaron "con sus propios recursos". Llegaron para contar lo que nadie desde el gobierno estatal quiere escuchar: que el municipio está paralizado, que la alcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas los ha bloqueado en sus labores, que han recibido amenazas de muerte y que la Fiscalía General del Estado les abrió carpetas de investigación como represalia. Llegaron, en fin, a pedir ayuda. Pero el gobierno estatal, hasta ahora, los ha recibido con la indiferencia de quien ya eligió un bando.
Los regidores denunciaron que desde el inicio de la administración 2024-2027, Bárcenas comenzó a bloquear su trabajo. Las comisiones que deberían funcionar se han estancado, las obras que deberían ejecutarse no se ven, los recursos que deberían llegar a las comunidades se evaporan. La alcaldesa, según su versión, ha convertido el ayuntamiento en un espacio de hostigamiento donde los que se oponen pagan con amenazas. Y las amenazas, en el contexto de Acatlán —donde la alcaldesa ya vinculó a sus opositores con el crimen organizado— no son palabras al aire. Son el preludio de algo peor.
El síndico municipal, David Fernando Chico, fue claro: no hay obras, no hay recursos y el municipio se está rezagando. La denuncia coincidió con la declaración de los regidores, que se deslindaron de las acusaciones de Bárcenas sobre supuestos vínculos con "Los Rojos". La estrategia de la alcaldesa, según los ediles, ha sido criminalizar a quienes se oponen a ella, y la Fiscalía parece haber entrado al juego: las carpetas de investigación abiertas contra los regidores son una pieza más de un tablero donde la justicia se usa como arma de intimidación.
Los regidores también dejaron claro que el Cabildo y las juntas auxiliares están inconformes, que el plantón ciudadano en la presidencia municipal no fue organizado por ellos, sino que es una expresión espontánea del hartazgo popular. Y mientras el pueblo acampa afuera, ellos acudieron a la capital para pedir que alguien, en el Gobierno del Estado o en la federación, les garantice seguridad y les permita hacer su trabajo. Pero la respuesta del gobierno estatal ha sido el silencio. Samuel Aguilar Pala, que ya blindó a Bárcenas con el argumento de la auditoría, sigue sin darles audiencia.
Los regidores pidieron la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum. No es un gesto menor: han agotado todas las instancias estatales y solo les queda apelar al gobierno federal. La gravedad del caso justifica el llamado: amenazas de muerte, represalias judiciales, un gobierno municipal paralizado y un estado que mira hacia otro lado. Acatlán no es solo un problema local; es un síntoma de lo que ocurre cuando el poder se ejerce sin contrapesos y la oposición institucional se paga con intimidación.
Guadalupe Bárcenas sigue en su escritorio, protegida por la auditoría que la mantiene en el cargo y por la fiscalía que persigue a sus críticos. Los regidores, mientras tanto, vuelven a Acatlán con la certeza de que la batalla no ha terminado. El Cabildo está roto, las calles están ocupadas y la ciudadanía observa desde el plantón si alguien, en el gobierno estatal o federal, se atreve a poner orden. Por ahora, Acatlán sigue siendo el espejo de una democracia que se desgasta en los márgenes, donde los funcionarios que se atreven a denunciar terminan siendo los denunciados.


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