Mientras los homicidios dolosos disminuyeron en junio de 2026, Puebla acumuló 15,285 carpetas por violencia familiar, 2,437 desapariciones y un incremento del 77.8% en narcomenudeo en Amozoc entre 2025 y 2026. La crisis de seguridad tiene frentes que la reducción de ejecuciones no resuelve.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — La reducción de homicidios en Puebla es un dato alentador, pero no oculta la persistencia de otros delitos que mantienen una presión constante sobre la seguridad de los ciudadanos. Mientras las autoridades celebran la cifra más baja de ejecuciones en 11 años, los números de violencia familiar, narcomenudeo y desapariciones de personas siguen en rojo, y en algunos casos con tendencias al alza que no logran ser frenadas.
La violencia familiar es el delito silencioso que más ha crecido en el estado. Entre enero de 2025 y mayo de 2026, la Fiscalía General del Estado (FGE) registró 15,285 carpetas de investigación por este delito, un promedio de 899 casos mensuales. En los primeros cinco meses de 2026, las denuncias aumentaron un 7.9% en comparación con el mismo periodo de 2025. Los municipios con mayor incidencia son Tehuacán (5,622 casos, 36.8% del total estatal), Puebla capital (4,691 casos, 30.7%) y San Andrés Cholula (585 casos).
El narcomenudeo, por su parte, ha crecido de manera sostenida en varios municipios. En Amozoc, el incremento fue del 77.8% en el comparativo anual; en Tehuacán, del 61.4%; y en Huauchinango, del 33.3%. Tehuacán concentra el 61.5% de las carpetas estatales por narcomenudeo, con 1,441 casos en 17 meses, lo que confirma que el municipio es un punto crítico para las redes de venta de drogas. La presencia de estos grupos no solo genera violencia en los puntos de venta, sino que alimenta el cobro de piso y la disputa territorial documentada en el mercado Morelos y otras zonas de la capital.
Las desapariciones de personas son otro frente abierto. El estado acumuló 2,437 casos entre enero de 2025 y mayo de 2026, un promedio de 143 personas desaparecidas cada mes. Tehuacán concentra el 50.5% de las desapariciones estatales, con 1,231 casos; Puebla capital, el 44.3%, con 1,080. El municipio de San Martín Texmelucan registró el mayor incremento en desapariciones en el comparativo anual (+78.6%), seguido por Atlixco (+16.7%) y Huauchinango (+8.3%). Estas cifras reflejan la dimensión de un problema que el gobierno de Alejandro Armenta Mier no ha logrado contener.
La estrategia de seguridad del estado ha priorizado la reducción de homicidios, con resultados que merecen ser reconocidos. Pero la violencia familiar, el narcomenudeo y las desapariciones no solo no han mostrado la misma tendencia, sino que en muchos casos han empeorado. La crisis de seguridad en Puebla no es un problema de un solo delito. Es un entramado de violencias que requieren estrategias diferenciadas y recursos específicos para cada frente. Mientras las autoridades sigan midiendo el éxito solo con la reducción de homicidios, los poblanos seguirán viviendo en un estado donde la violencia no cesa, solo cambia de forma.


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