Habitantes de Acatlán de Osorio bloquearon la carretera principal el viernes 31 de julio con llantas y piedras para impedir que la presidenta Claudia Sheinbaum llegue a su evento en Huajuapan de León, Oaxaca, este sábado. Los manifestantes, que desde hace un mes mantienen un plantón para exigir la destitución de la alcaldesa Guadalupe Bárcenas, permiten el paso cada 30 minutos y piden diálogo con el equipo presidencial. El gobierno estatal los ignoró. El gobierno municipal los amenazó. Ahora le toca a la presidenta decidir si los escucha o si, de igual manera, prefiere pasar de largo.
ACATLÁN DE OSORIO, PUEBLA. — La carretera que conecta Acatlán de Osorio con la región amaneció bloqueada el viernes. Llantas y piedras, los mismos materiales con los que los ciudadanos han construido su resistencia, interrumpen el paso vehicular. No es un capricho. Es la última escala de una desesperación que comenzó hace meses, cuando los habitantes empezaron a exigir la salida de la alcaldesa Guadalupe Bárcenas, señalada por nepotismo y la parálisis de su administración. El plantón frente a la presidencia municipal ya cumplió más de un mes. Las autoridades estatales no han respondido. Los regidores han sido amenazados. La Fiscalía les abrió carpetas. Y ahora, los ciudadanos han decidido que el mensaje debe llegar más lejos: hasta la presidenta de México.
El bloqueo no es casualidad. Claudia Sheinbaum tiene programado un evento este sábado en Huajuapan de León, Oaxaca, y la carretera que pasa por Acatlán es una de las rutas principales. Los manifestantes saben que el gobierno estatal no los escucha, que el Congreso no actúa, que la Auditoría no concluye. Entonces han llevado su protesta al único lugar donde el poder federal no puede hacerse el de la vista gorda: el camino de la presidenta. "Cada 30 minutos permitimos el paso", dijeron. No quieren paralizar la región, quieren ser vistos. Quieren que alguien, desde la cúpula, les diga que su reclamo importa.
La ironía es tan gruesa como las llantas que hoy bloquean el asfalto. La presidenta que llegó al poder con el discurso de la transformación y la escucha activa ahora enfrenta un nuevo bloqueo ciudadano en la Puebla de Alejandro Armenta. ¿Se detendrá a dialogar? ¿Enviará a un representante? ¿O pasará de largo, como el gobierno estatal, como el alcalde, como todos los que han ignorado a un pueblo que solo pide que se le tome en cuenta? Los manifestantes no han pedido violencia; han pedido diálogo. Pero el diálogo, en Acatlán, ha sido una palabra vacía durante meses.
El gobierno municipal de Bárcenas ha respondido con blindaje institucional y transmisiones en vivo. El gobierno estatal de Alejandro Armenta ha respondido con silencio y con carpetas de investigación contra quienes se atreven a denunciar. La presidenta Sheinbaum tiene ahora la oportunidad de romper ese ciclo. Pero para ello debe hacer lo que el poder suele evitar: detenerse en una carretera bloqueada, bajar el vidrio y escuchar a quienes no tienen otro recurso que el asfalto para hacerse oír.
Acatlán de Osorio no es un caso aislado. Es la fotografía de un país donde la justicia se busca en los bloqueos porque las instituciones no la ofrecen. Los ciudadanos que hoy cierran la carretera son los mismos que hace un mes instalaron un plantón, que han firmado documentos, que han pedido audiencias y que han recibido amenazas a cambio. La presidenta puede elegir el camino fácil —ignorar, rodear, pasar de largo— o el difícil —detenerse y escuchar.


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