Un ejemplar de águila real (Aquila chrysaetos) fue liberado el 8 de julio en el Santuario Cotorra Serrana Occidental, Chihuahua, tras tres meses de rehabilitación. Con Conanp, OVIS, Profepa y la Universidad Estatal de Sonora, el ave fue monitoreada por satélite y ha volado hasta Arizona, confirmando su plena recuperación.
MÉXICO/EE.UU. — El vuelo del águila real es uno de los espectáculos más sobrecogedores de la naturaleza mexicana. El pasado 8 de julio, un ejemplar de Aquila chrysaetos volvió a surcar los cielos del Santuario Cotorra Serrana Occidental, en Madera, Chihuahua, después de casi tres meses de rehabilitación intensiva. El ave, que en abril había sido reportada por un ciudadano imposibilitada para volar, recuperó no solo su condición física, sino también su capacidad de cazar y su plumaje para un vuelo seguro. Hoy, su rastro satelital llega hasta el estado de Arizona, en Estados Unidos.
El proceso comenzó en abril de 2026, cuando personal del Santuario Cotorra Serrana Occidental, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), recibió el reporte ciudadano. De inmediato se coordinaron con la Organización Vida Silvestre, A.C. (OVIS), que asumió la rehabilitación del ave. El águila, una especie enlistada en la NOM-059-SEMARNAT-2010 como Amenazada, requirió un proceso especializado que incluyó la recuperación de su musculatura, la capacidad de capturar presas vivas y la muda de plumaje, condición indispensable para garantizar que las plumas de vuelo estuvieran en perfecto estado.
El 8 de julio, cuando los especialistas determinaron que el ejemplar estaba listo, se realizó la liberación en un sitio estratégico dentro del santuario. Antes de soltarla, investigadores de la Universidad Estatal de Sonora le colocaron un transmisor satelital que permitiría dar seguimiento científico a sus desplazamientos. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) también participó en el operativo, que reunió a las instituciones públicas y a la organización civil en un ejemplo inusual de coordinación.
Los primeros días después de la liberación, el águila permaneció en las inmediaciones del sitio, realizando desplazamientos cortos mientras se adaptaba nuevamente a la vida silvestre. Conforme avanzó su reinserción, comenzó a efectuar vuelos de mayor distancia, hasta que el monitoreo satelital confirmó lo que los biólogos esperaban: el ave había recuperado plenamente sus capacidades y se movía con libertad en su hábitat. La sorpresa llegó cuando los registros satelitales mostraron que el águila había cruzado la frontera y se encontraba en el estado de Arizona, un movimiento que demuestra su fortaleza física y su capacidad de migración natural.
El caso del águila real de Madera no es un hecho aislado, sino un precedente dentro del expediente de conservación de fauna en México. A diferencia de los casos de tráfico de tigres en Durango o de pepino de mar en Yucatán, aquí la historia es de recuperación y éxito. La participación ciudadana que reportó al ave, la rehabilitación especializada y el monitoreo satelital que confirmó su supervivencia son la prueba de que la conservación puede funcionar cuando las instituciones y la sociedad trabajan en la misma dirección.
El águila real es un símbolo nacional, y cada ejemplar perdido es un golpe a la biodiversidad del país. Su regreso a los cielos de Chihuahua —y su travesía hasta Arizona— es un recordatorio de que los ecosistemas no entienden de fronteras y que la protección de las especies requiere esfuerzos que trasciendan los límites administrativos. La tecnología satelital, la rehabilitación especializada y la voluntad de las comunidades son hoy las herramientas que mantienen vivo el vuelo del águila en el norte de México.


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