El gobernador de Nuevo León, Samuel García Sepúlveda, utilizó el helicóptero Black Hawk adquirido por 5 millones de dólares para labores de seguridad pública como transporte a una cabalgata y festejo en Aramberri. La aeronave, asignada a Fuerza Civil, ya había sido usada durante el Mundial de Futbol para recibir aficionados. El gobierno estatal no transparenta el uso de sus aeronaves.
MONTERREY, NL. — El helicóptero Black Hawk de diseño militar que el gobierno de Nuevo León adquirió a finales de abril por 5 millones de dólares —unos 86.2 millones de pesos— para supuestas tareas de seguridad pública se ha convertido en un medio de transporte personal del gobernador Samuel García Sepúlveda. La aeronave, rotulada con los colores de Fuerza Civil y asignada a su división aérea, fue utilizada este fin de semana para trasladar al mandatario estatal al municipio de Aramberri, donde participó en una cabalgata y en los festejos por el 400 aniversario de la localidad.
En un video difundido desde el helipuerto del Cuartel General de Fuerza Civil, García justificó el vuelo asegurando que aprovecharía el recorrido para supervisar carreteras, entre ellas la Interserrana. “Ando con mi raza de la División Aérea (de Fuerza Civil)”, declaró el emecista. “Vamos al sur, vamos a aprovechar este evento de 400 años de Aramberri para dar una buena, pues, una revisada a las carreteras. Vamos a pasar por la Interserrana y hacer los recorridos que hacemos todos los días, blindando Nuevo León”. La justificación, sin embargo, contrastó con las 69 publicaciones en redes sociales que documentaron el vuelo, la cabalgata y el festejo con grupos musicales, cabrito y cerveza en el municipio gobernado por el alcalde de su mismo partido, Martín Castillo.
No es la primera vez que el Black Hawk, que por su capacidad y diseño está destinado a operativos de alto riesgo, es desviado de su función original. Durante el Mundial de Futbol, García voló en la aeronave al Puente Internacional Colombia para recibir a un camión de aficionados de la Selección de Países Bajos. Salvo esos sobrevuelos y la grabación de videos promocionales, el gobierno estatal no ha informado sobre el uso operativo del helicóptero en tareas de seguridad. Alegando razones de seguridad, la administración de Nuevo León mantiene opaco el registro de vuelos y no transparenta el destino de una inversión que debió fortalecer las capacidades de Fuerza Civil.
El uso del Black Hawk como taxi VIP es un nuevo capítulo a la gestión de Samuel García, quien ya enfrentaba un juicio político en el Congreso local y una suspensión condicionada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La adquisición de la aeronave, celebrada por el gobernador como un logro para la seguridad del estado, ahora es cuestionada por su evidente desvío hacia actividades protocolarias y recreativas, en un contexto donde la opacidad impide conocer si el helicóptero ha sido utilizado en los operativos de seguridad para los que fue comprado.
Mientras el gobierno estatal insiste en que las supervisiones carreteras forman parte de sus actividades cotidianas, la evidencia documentada en redes sociales apunta a un patrón de uso discrecional de recursos públicos. La oposición en Nuevo León ya ha comenzado a señalar el caso como un ejemplo de frivolidad y desvío de funciones, en un estado donde la inseguridad y la crisis hídrica mantienen en vilo a la población. La Auditoría Superior del Estado y las instancias federales podrían ser llamadas a revisar la legalidad del uso de una aeronave que, por su costo y destino declarado, debería estar al servicio de la ciudadanía y no de los traslados personales del gobernador.
El expediente de Nuevo León se engrosa así con una nueva controversia que, sumada al juicio político y a la confrontación con el Congreso local, coloca a Samuel García en el centro de un escándalo que cuestiona no solo su estilo de gobierno, sino el uso de los recursos públicos. La falta de transparencia en el uso de las aeronaves estatales se convierte en el eje de una crítica que el gobernador no ha podido desmontar, mientras los festejos en Aramberri y el vuelo en el Black Hawk quedan como testimonio de una administración que, en palabras de sus críticos, ha perdido el rumbo de sus prioridades.


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