Comerciantes del centro de Tehuacán organizaron una cacería ciudadana y lograron retener a un sujeto que, junto con dos cómplices, pagaba compras menores con billetes falsos de $500 y $1,000 para quedarse con el cambio. La Policía Municipal acudió, aseguró al presunto responsable y lo puso a disposición de las autoridades. Pero mientras los locatarios hacen el trabajo de inteligencia y captura que el gobierno municipal no hace, el alcalde Alejandro Barroso sigue presumiendo tecnología que no previene ni el crimen más básico.
TEHUACÁN, PUEBLA. — En Tehuacán, el crimen se combate con el ingenio de los comerciantes, no con el despliegue de las autoridades. Un grupo de locatarios del centro detectó una operación que, según los reportes, ya se había vuelto recurrente: tres individuos compraban semillas y otros productos de bajo costo —alrededor de 200 pesos— y pagaban con billetes de $500 y $1,000 evidentemente falsos. La estrategia era tan vieja como efectiva: aprovechar el flujo de gente y la prisa para que el comerciante no verificara la autenticidad del efectivo y diera el cambio en moneda legítima. Pero los comerciantes de Tehuacán ya no son presa fácil. Se organizaron, vigilaron, y cuando el grupo intentó aplicar el engaño, actuaron.
La detención fue ciudadana, no policial. Los comerciantes retuvieron a uno de los sospechosos, mientras dos de sus acompañantes lograron huir. Elementos de la Policía Municipal acudieron al sitio —ya con el trabajo hecho— y aseguraron al sujeto, a quien presuntamente le hallaron más billetes apócrifos entre sus pertenencias. El detenido fue puesto a disposición de las autoridades correspondientes. La acción, en principio, es un éxito. Pero también es un diagnóstico: en Tehuacán, los ciudadanos tienen que hacer el trabajo de inteligencia y captura que el gobierno municipal no hace.
La escena es una ironía que el alcalde Alejandro Barroso debería explicar. Hace semanas, el edil presumió bodycams y cámaras de videovigilancia enlazadas al C5 como parte de su estrategia de seguridad. Pero los comerciantes del centro de Tehuacán no necesitan bodycams para atrapar a un falsificador; necesitan que el gobierno municipal haga su trabajo de prevención y vigilancia. Los billetes falsos circulan, los comerciantes los detectan, y la policía llega cuando el sujeto ya está retenido. La tecnología oficial no sirvió para prevenir el fraude, ni para detectar a los delincuentes antes de que operaran. Sirvió, en todo caso, para llegar tarde.
El caso también expone la vulnerabilidad de los comerciantes frente a una delincuencia que, aunque menor en apariencia, tiene un impacto real en la economía local. Los billetes falsos de $500 y $1,000 no son un problema menor: representan una pérdida directa para los locatarios que trabajan con márgenes ajustados. Y mientras el gobierno municipal se enfoca en clausurar lavanderías y retirar cámaras parásitas, el fraude cotidiano sigue operando en el centro de la ciudad, donde los comerciantes han aprendido a confiar más en sus propios ojos que en la tecnología oficial.
La detención ciudadana en Tehuacán es un recordatorio de que la seguridad no se construye solo con patrullas y cámaras. Se construye con presencia, con prevención y con la confianza de que las autoridades actuarán antes de que el delito ocurra. Pero en Tehuacán, como en muchos municipios poblanos, la confianza es un lujo que los ciudadanos no pueden permitirse. Por eso los comerciantes se organizan, vigilan y actúan. Porque saben que si esperan a que el gobierno lo haga, el fraude ya se habrá consumado.


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