La alcaldesa de Teziutlán, Karla Martínez, repartió boletos para los conciertos de Yuri y Alberto Barros en el Recinto Ferial, mientras las calles del municipio arrastran retrasos en obras que los vecinos ya no saben cuándo terminarán. La feria avanza, la música suena, pero el concreto y el asfalto siguen esperando. En Teziutlán, la fiesta no tapa los baches.
TEZIUTLÁN, PUEBLA. — La Feria Teziutlán 2026 ya tiene sus boletos repartidos. La alcaldesa Karla Martínez, acompañada de la Reina Sofía I y la Princesa Ángela, entregó pases para los conciertos de Yuri y el Salsa Fest con Alberto Barros. Las familias teziutecas, según el comunicado oficial, convivieron, aplaudieron y se emocionaron. La cuenta regresiva continúa, la música y la tradición prometen ser el centro de la atención municipal. Pero mientras la fiesta se acerca, las obras que deberían transformar el municipio avanzan con la misma velocidad que un caracol en el asfalto.
El contraste es inevitable. La alcaldesa, que hace semanas presumió pavimentación en Los Cipreses, ahora supervisa los trabajos en Xoloco, donde el avance es tan discreto que apenas merece una visita de "seguimiento permanente". Los vecinos, esos que pagan sus impuestos y esperan que las calles dejen de ser un problema, ven cómo las fechas se estiran y los compromisos se diluyen. La obra pública requiere seguimiento, dice el discurso. Pero en Teziutlán, el seguimiento parece medirse en boletos repartidos, no en metros de concreto colocados.
La ironía es tan gruesa como las llantas que intentan sortear los baches de las calles intervenidas. Mientras la alcaldesa se toma fotos con la Reina y la Princesa, los ciudadanos se preguntan cuándo podrán transitar sin riesgo. Mientras el Salsa Fest promete ritmo, el drenaje y el agua potable siguen siendo una promesa que no se cumple. La feria es un evento, pero la obra es una necesidad. Y en Teziutlán, las necesidades parecen esperar mientras los eventos se multiplican.
La estrategia no es nueva. La misma que usan otros alcaldes cuando quieren desviar la atención: eventos, conciertos, ferias, mientras las obras que la ciudadanía necesita avanzan a paso de tortuga. Karla Martínez aprendió la lección de sus colegas: la foto en el Recinto Ferial vale más que la supervisión en el barrio. Pero los vecinos no son tontos. Saben que el boleto para Yuri no repara el drenaje, y que el Salsa Fest no pavimenta las calles.
El gobierno municipal dice que la obra pública es prioridad. Pero las prioridades se miden en presupuesto y en resultados, no en comunicados que mezclan la emoción de la feria con la rutina de la supervisión. Teziutlán necesita que la alcaldesa deje de repartir boletos y empiece a repartir soluciones. La feria terminará, pero las calles seguirán ahí, esperando que el gobierno municipal decida si quiere construir una nueva historia para Teziutlán o solo una nueva feria.


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