México se abstuvo de votar en la OEA la convocatoria a una reunión urgente de cancilleres para analizar la decisión de Daniel Ortega de cancelar elecciones en Nicaragua. Claudia Sheinbaum defendió la postura bajo el principio de no intervención y autodeterminación.
CDMX — Mientras la Organización de los Estados Americanos (OEA) busca responder a la decisión del Gobierno de Daniel Ortega de cancelar las elecciones en Nicaragua, México decidió no respaldar ni rechazar la convocatoria a una reunión urgente de cancilleres destinada a analizar la crisis política. La representación mexicana se abstuvo en la votación del Consejo Permanente, una posición que Claudia Sheinbaum justificó con los principios constitucionales de autodeterminación y no intervención.
La propuesta para reunir a los ministros de Relaciones Exteriores fue aprobada con una amplia mayoría. De acuerdo con los reportes sobre la sesión, la iniciativa obtuvo 29 votos a favor, uno en contra y la abstención mexicana. El objetivo era llevar el caso nicaragüense al máximo nivel político de la organización y analizar posibles acciones ante la decisión de Ortega de cancelar los comicios y restringir la participación de opositores.
El representante de México ante la OEA, Alejandro Encinas, explicó que la delegación mexicana no consideró que la situación interna de Nicaragua constituyera una amenaza para la paz o la seguridad hemisférica. También cuestionó que la propuesta precisara con claridad las acciones que eventualmente se buscarían emprender y planteó privilegiar soluciones diplomáticas.
“México ha votado en abstención, ya que considera que la situación interna de Nicaragua no constituye una amenaza a la paz o a la seguridad hemisférica”, sostuvo Encinas ante el organismo. La declaración resulta relevante porque el debate no se limitaba a una diferencia protocolaria: la OEA discutía la respuesta internacional frente a un Gobierno que pretende eliminar el mecanismo electoral como vía de competencia política.
Sheinbaum respaldó posteriormente la decisión. “Tiene que ver con los principios constitucionales de México”, afirmó, y sostuvo que la postura responde a la autodeterminación de los pueblos, independientemente de que ella o Encinas estén de acuerdo con las decisiones de Ortega.
El argumento coloca a México ante una contradicción diplomática que no puede resolverse únicamente invocando la no intervención: abstenerse de apoyar una reunión destinada a examinar la cancelación de elecciones también constituye una posición política frente a un deterioro democrático. La defensa de la soberanía nicaragüense, por tanto, termina acompañada por el silencio mexicano ante una decisión que afecta directamente la competencia electoral.


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