La llamada entre Claudia Sheinbaum y Lula da Silva busca construir un contrapeso regional ante el aislamiento de México en la Coalición contra los Carteles de las Américas (A3C). Ambos gobiernos comparten ideología de izquierda, discurso soberanista, defensa del socialismo cubano y presencia de narcotráfico. Pero Lula es pragmático: no confrontará a EE.UU. por México. La región eligió otro camino.
CDMX — La presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una llamada telefónica con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en la que ambos reconocieron "avances conjuntos en materia de comercio así como colaboración entre Petróleos Mexicanos y Petrobras". La mandataria elogió los resultados económicos de Brasil —crecimiento superior al 3%, inflación moderada, reducción del desempleo— y afirmó que "México y Brasil comparten la visión de prosperidad, bienestar y soberanía". La llamada ocurre en un contexto de aislamiento regional de México, que no forma parte de la Coalición contra los Carteles de las Américas (A3C), integrada por 18 países que buscan pasar "del discurso político a la acción conjunta" contra el narcotráfico.
México y Brasil, las dos economías más grandes de América Latina, comparten más que su tamaño. Ambos tienen gobiernos de izquierda, discursos soberanistas, defensa del socialismo cubano y una presencia significativa del narcotráfico en sus territorios. Sin embargo, sus estrategias frente a Estados Unidos son aparentemente opuestas. Sheinbaum ha optado por rechazar operaciones de EE.UU. y calificando las presiones de Washington como "injerencia". Lula, en cambio, ha sido pragmático: se reunió con Donald Trump en la Casa Blanca, abrió la puerta a discutir "cualquier asunto" y no ha confrontado a Washington por el aislamiento de México. Brasil tampoco forma parte de la A3C, pero su ausencia no le genera presión. México, en cambio, es el epicentro de la guerra contra los cárteles.
El discurso soberanista de Lula —que también busca una nueva reelección— es un pretexto político. El de Sheinbaum es un escudo para proteger a los presuntos narcopolíticos de Morena. En este sentido: la diferencia es que Lula negocia sin confrontar; Sheinbaum confronta sin negociar. La región ya eligió su camino. Colombia, bajo el gobierno de Abelardo de la Espriella, se sumó a la A3C. Chile, Perú, Ecuador y Centroamérica (a excepción de Nicaragua) también están en la coalición. México y Brasil se quedan fuera. Pero Brasil no es el objetivo principal de la ofensiva de Trump. México sí. Sheinbaum busca en Lula un aliado que no existe. Lula es pragmático: no sacrificará la relación con EE.UU. por México.
La colaboración Pemex-Petrobras es un tema concreto, pero no sustituye la cooperación en seguridad. México está aislado en el hemisferio, y la llamada Sheinbaum-Lula no cambia esa realidad. Lula no se alineará con México contra Washington. El "socialismo cubano" que ambos defienden no es un eje de política exterior, sino un discurso de legitimación interna. La región ha decidido actuar contra los cárteles. México, por ahora, observa desde fuera. La pregunta es si Sheinbaum cambiará su estrategia o si seguirá apostando por el aislamiento y el discurso soberanista mientras Washington y sus aliados avanzan. La región eligió otro camino. México tendrá que decidir si lo toma o si se queda solo.


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