La disputa por Puebla capital rumbo a 2027 empieza a mostrar una asimetría política: mientras el gobernador Alejandro Armenta lleva a sus dos cartas femeninas al territorio, el PAN concentra buena parte de su comunicación en señalar los errores de Morena.
El contraste no está en quién tiene razón en cada denuncia, sino en qué tipo de vínculo político está construyendo cada fuerza con los ciudadanos. En los últimos días, la administración estatal ha colocado a Gaby “La Bonita” Sánchez en colonias y juntas auxiliares mediante actividades deportivas, culturales, comunitarias y de atención social. Agua, espacios públicos, futbol, canto y obra comunitaria forman parte de una misma narrativa: el gobierno está presente.
Armenta entiende algo elemental de la política: el territorio no se conquista únicamente con discursos. Se construye mediante presencia repetida, rostros reconocibles y contacto con problemas cotidianos. Gaby aporta a esa estrategia una ventaja adicional: antes de ser funcionaria ya era una figura popular. Su campeonato de box le proporciona una identidad que el aparato político no tuvo que fabricar.
El PAN, juega con otra lógica. Mario Riestra denuncia presuntos abusos, cuestiona a funcionarios y señala problemas de gobernabilidad; Genoveva Huerta reclama presupuesto, seguridad, infraestructura y políticas para mujeres y pueblos indígenas. Son mensajes de oposición legítimos, pero comparten una característica: el adversario ocupa el centro de la escena.
La diferencia comunicativa es sustancial. Mientras Morena dice, en esencia, “estamos aquí”, el PAN responde “ellos están fallando”. Una estrategia construye identificación; la otra busca desgaste. Para una elección municipal, donde la relación con colonias, barrios y juntas auxiliares puede ser determinante, no necesariamente producen el mismo resultado político.
Y aquí aparece el verdadero problema para la oposición. Armenta no parece estar apostando por una sola figura. Mantiene a Laura Artemisa dentro de su primera línea y, simultáneamente, expone a Gaby Sánchez en territorio. Son dos perfiles distintos: una política formada en la institucionalidad y una campeona convertida en funcionaria que comienza a construir una identidad política propia en el barrio.
La pregunta, por tanto, no es todavía quién será candidata. Es más incómoda: ¿quién está construyendo hoy una alternativa política para Puebla capital? El oficialismo está probando rostros, territorios y narrativas. La oposición, en cambio, parece concentrada en documentar los errores del gobierno. Si el PAN pretende disputar la ciudad, tendrá que hacer algo más que demostrar que Morena puede ser cuestionado: tendrá que conseguir que los ciudadanos quieran escucharlo, reconocerlo y, finalmente, seguirlo.

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