En la última sesión de la Comisión Permanente, los legisladores de Morena evitaron pronunciar el nombre de Rubén Rocha Moya, mientras el senador Gerardo Fernández Noroña reconocía que el daño a su reputación está hecho. Ningún morenista defendió al gobernador acusado por la DEA. La bancada siguió el guión escrito desde Palacio Nacional: silencio, distancia y unidad en torno a Claudia Sheinbaum.
CDMX — La última sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión confirmó lo que ya era un secreto a voces: Rubén Rocha Moya está proscrito en la 4T. Ninguno de los 21 legisladores de Morena presentes, ni los del PT ni los del Verde, se atrevieron a defender al gobernador de Sinaloa. Su nombre y apellido sólo fueron pronunciados por los diputados del PAN y del PRI. Los morenistas lo evitaron como si nombrarlo fuera un acto de contaminación política.
— Este reportaje es parte del expediente NARCUS. —
El senador Gerardo Fernández Noroña fue el único morenista que se refirió al caso, y lo hizo para reconocer el daño. "Creo que el daño a la reputación de Rocha Moya está hecho: él va a tener que luchar para reivindicar su trayectoria", declaró en tribuna. No ofreció respaldo. No pidió comprensión. Solo constató un hecho: el gobernador acusado por el Distrito Sur de Nueva York está políticamente desahuciado.
El silencio de Morena fue ensordecedor. Mientras el priista Rubén Moreira los increpaba desde la tribuna —"¡Están quebrados por la historia! ¡Ustedes son un narco partido, un narco Gobierno!"—, los legisladores de la 4T mantuvieron la mirada al frente. No respondieron. No repelieron el ataque. Dejaron pasar los epítetos sin inmutarse. La disciplina partidista, en su expresión más fría, les ordenaba callar.
Fernández Noroña intentó cerrar filas en torno a la figura de Claudia Sheinbaum. "Digan lo que digan, tenemos una gran Presidenta: la compañera Presidenta Claudia Sheinbaum", dijo. Y añadió: "Digan lo que digan, se van a quedar con las ganas de que nos desfondemos". La presidenta es el ancla de la 4T en medio de la tormenta. Rocha Moya, en cambio, ha sido arrojado por la borda.
La sesión de la Comisión Permanente fue el reflejo parlamentario de la crisis que estalló el viernes, cuando Rocha Moya regresó a la gubernatura sin avisar a Sheinbaum y fue obligado a salir 33 horas después. El guión escrito desde Palacio Nacional se cumplió al pie de la letra: silencio, distancia, unidad alrededor de la presidenta. Rocha Moya ya no es un activo para la 4T. Es un pasivo. Un nombre que nadie quiere pronunciar. Un cadáver político que la maquinaria morenista ha decidido enterrar en vida.


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