El Gobierno de Puebla parece haber elegido una ruta distinta para enfrentar a la Escuela Normal Rural “Carmen Serdán” de Teteles de Ávila Castillo, uno de los pocos movimientos sociales que ha mantenido capacidad de confrontación frente a la administración de Alejandro Armenta Mier.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — La primera reunión entre la Secretaría de Educación Pública estatal y el nuevo Consejo Estudiantil revela una estrategia que va más allá de resolver diferencias administrativas: trasladar el conflicto del terreno de la movilización al de la interlocución institucional.
La mesa del 12 de agosto no quedó limitada a la SEP. Participaron representantes del Gobierno federal, la Secretaría de Gobernación estatal y la representación federal de Educación, junto con funcionarios de la estructura educativa poblana. La composición de la reunión sugiere que Teteles es tratado como un asunto de gobernabilidad, aunque el Gobierno procura presentarlo públicamente como un problema de convivencia y bienestar educativo.
El desplazamiento discursivo es significativo. La SEP puso sobre la mesa una semana cultural y acuerdos relacionados con alimentación, limpieza, agua potable y horas de sueño durante la semana de adaptación de las aspirantes. Con ello, las autoridades trasladan la discusión desde la confrontación política hacia las condiciones de la vida escolar.
El elemento decisivo es el reconocimiento del nuevo Consejo Estudiantil como interlocutor. El Gobierno no dialoga directamente con la totalidad de las alumnas: negocia con una representación organizada que, a su vez, deberá consultar las propuestas con la comunidad estudiantil.
La operación contiene una apuesta de poder. Si el Consejo posee legitimidad interna, puede convertirse en el mecanismo para institucionalizar el conflicto y reducir la capacidad de movilización de la Normal. La ecuación sería simple: protesta, negociación, acuerdos y responsabilidades compartidas.
Pero también existe un riesgo para el Gobierno. Al reconocer al Consejo como interlocutor, acepta implícitamente que la comunidad tiene capacidad para negociar. Si los compromisos fracasan o son percibidos como insuficientes, la mesa puede convertirse en una nueva plataforma de movilización.
Por eso, la verdadera incógnita no está todavía en los acuerdos anunciados, sino en el origen y legitimidad del nuevo Consejo Estudiantil: cómo fue integrado, qué corrientes representa y qué relación conserva con las estructuras históricas de movilización de Teteles.
Armenta no parece buscar una confrontación frontal con la Normal. La estrategia visible apunta a algo más complejo: convertir al adversario social en interlocutor institucional. El éxito de esa operación dependerá de si Teteles acepta negociar sin perder su autonomía política.


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