Puebla capital se ha convertido en el tablero más abarrotado y también en el más irracional de la elección de 2027. Diez aspirantes confirmados, cuatro partidos en liza, dos hermanas que se disputan la misma silla en bandos opuestos, un senador de MC que cierra la puerta a los morenistas pero se sienta a platicar con la dirigente del PAN, y tres operadores territoriales de Morena que no saben si coordinan o se coordinan entre sí. La capital, en resumen, ya no es una competencia electoral: es un culebrón político con más tramas secundarias que personajes principales.
El Partido Acción Nacional, que prometió ciudadanizar sus candidaturas, terminó con cinco aspirantes de pura cepa política: Genoveva Huerta Villegas, Liliana Ortiz Pérez, Ana Teresa Aranda Orozco, Pilar Vargas Morán y Fátima Hernández Manzanilla. La ciudadanización, pues, fue un fracaso tan rotundo que ni siquiera merece ser llamado experimento. Pero lo más notable es que Liliana Ortiz —esposa del exalcalde Eduardo Rivera y hermana de María Esther "Teté" Ortiz— competirá en el PAN mientras su hermana lo hace en Movimiento Ciudadano. La pregunta que ningún periodista ha logrado que respondan es si en las cenas familiares se habla de encuestas o de recetas. Lo que es seguro es que, pase lo que pase, el clan Rivera tendrá un representante en la boleta de 2027. Quizá dos. Y si la suerte depara una tercera, hasta podrían necesitar una mesa familiar más grande para el debate postelectoral.
Movimiento Ciudadano, por su parte, intenta construir su identidad sobre la base del rechazo a los "refugiados" de Morena. El senador Néstor Camarillo, aspirante declarado, fue contundente: MC no será "plato de segunda mesa". Es decir, no aceptará a quienes hayan perdido en las encuestas del partido guinda. La declaración es tan valiente como contradictoria, porque mientras Camarillo cierra la puerta a los morenistas, su partido —la dirigente Fedrha Suriano— todavía no ha definido los plazos para sus propias candidaturas. Es como tener una casa con una puerta blindada para los vecinos, pero sin saber si la propia cerradura funciona. Mientras tanto, Camarillo se reunió con la secretaria estatal del PAN, Genoveva Huerta, y aunque ambos negaron que fuera para buscar una alianza, la foto ya quedó tomada. En política, las negaciones son el primer síntoma de que algo se está cocinando, aunque el chef insista en que la cocina está cerrada.
El PRI, mientras tanto, parece un actor secundario en esta comedia de enredos: tiene una aspirante, Delfina Pozos Vergara, y una fecha fija —los primeros 10 días de noviembre— para definir su candidatura. Pero en un tablero con diez jugadores, tener una sola ficha y un calendario claro puede ser una ventaja: Pozos no tendrá que lidiar con las broncas internas que ya están devorando a los otros partidos. Pero también puede ser una desventaja: el PRI parece tan ausente en la conversación pública que uno podría preguntarse si su candidata es la que suena o la que nadie recuerda.
Y luego está Morena, que para la capital tiene dos aspirantes documentadas: Laura Artemisa García Chávez (Secretaria de Bienestar estatal) y Gabriela Sánchez Saavedra (Secretaria de Deporte y Juventud). Pero Morena, a diferencia de los otros partidos, no tiene un proceso de definición claro para la capital: las convocatorias para coordinadores municipales se adelantaron a finales de agosto, pero las candidaturas formales no se definirán hasta 2027. Lo que significa que, mientras el PAN ya tiene cinco nombres, MC dos y PRI uno, Morena tiene dos nombres y la sombra de un proceso que aún no termina de definirse. Y esa indefinición, en política, siempre beneficia al que tiene el control territorial —en este caso, Pablo Salazar Vicentello, el operador de Alejandro Armenta— para decidir quién llega con la bendición de la estructura.
El resultado de este embrollo es que la capital poblana se perfila como el municipio más fragmentado y, al mismo tiempo, el más impredecible. La oposición tiene múltiples candidatos (PAN, MC, PRI), pero no una candidatura unificada, lo que podría jugar a favor de Morena, que aunque tenga dos aspirantes, podría unificar su estructura detrás de quien la encuesta señale. La reunión Camarillo-Huerta, además, introduce un factor de incertidumbre: si MC y PAN lograran un acuerdo —por más negado que esté—, el mapa cambiaría por completo. Pero mientras tanto, los capitalinos observan el espectáculo y se preguntan si en 2027 votarán por una candidata, por un partido o por la menos mala de las diez opciones. La democracia, en Puebla, ha adquirido la forma de un juego de sillas musicales donde los músicos ya están tocando, y nadie sabe cuándo se detendrá la música.

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