El secretario de Movilidad e Infraestructura de Puebla, David Aysa, supervisó los avances de la rehabilitación de la calle Hombres Ilustres en la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas, una obra que, según el gobierno, beneficiará a más de 8 mil habitantes. Pero los vecinos que viven la obra a diario describen otra realidad: calles intransitables, vialidades colapsadas y un avance que se mide en meses, no en resultados. Mientras el funcionario presume 2 mil 852 metros cuadrados y redes modernizadas, los ciudadanos preguntan cuándo podrán transitar y si un solo tramo reparado evitará los encharcamientos que cada lluvia convierte en pesadilla. La obra avanza, pero la confianza se estanca.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — La calle Hombres Ilustres, en la colonia Alberto de la Fuente, se ha convertido en un símbolo de lo que ocurre cuando el gobierno anuncia obras y los vecinos pagan el costo de la espera. Las autoridades del Gobierno de la Ciudad de Puebla realizaron un recorrido para supervisar los avances de la rehabilitación, una obra que forma parte de la estrategia "Calles al 100". Según el secretario David Aysa, la intervención abarca 2 mil 852 metros cuadrados, incluye redes de drenaje y agua potable, subrasante, base hidráulica, banquetas y una carpeta asfáltica de 330 metros de longitud y 8.3 metros de ancho. Suena a plan integral, suena a progreso. Pero los vecinos que viven en la zona describen una realidad muy distinta: la calle está intransitable, las vialidades convergentes están colapsadas y el avance de la obra se arrastra entre el polvo y las dudas.
El contraste entre el discurso oficial y la experiencia ciudadana es abismal. Mientras el secretario de Movilidad e Infraestructura habla de modernización y beneficio para 8 mil 600 habitantes, los vecinos se preguntan si el tramo rehabilitado será suficiente para evitar los encharcamientos que cada temporada de lluvias convierte sus calles en un problema recurrente. La pregunta no es ociosa: la ciudad ha demostrado una y otra vez que las obras parciales no resuelven los problemas estructurales. El 5 de Mayo se inunda, la Recta a Cholula colapsó, y ahora Romero Vargas espera que un tramo de 330 metros detenga lo que el agua no entiende de límites. La lógica de "un cachito aquí, otro allá" no es planeación; es parcheo.
La obra, que el gobierno describe como "rehabilitación integral", ha dejado intransitables no solo la calle intervenida, sino las que convergen. Es el clásico efecto dominó de una administración que parece no considerar que las obras no son islas, sino parte de un sistema. Los vecinos no solo quieren saber cuándo podrán circular; quieren entender por qué la ciudad prioriza proyectos mediáticos como el Cablebús mientras las calles de Romero Vargas permanecen en obra negra durante meses. La respuesta oficial es el silencio, o peor, la promesa genérica de que "todo estará listo pronto". Pero el pronto, en Puebla, es una palabra que se estira hasta el próximo sexenio.
La supervisión de la obra fue, en el mejor de los casos, un acto de presencia. El secretario Aysa acudió, recorrió, escuchó y prometió. Pero la promesa, como el asfalto, necesita tiempo para fraguar. Los vecinos de Romero Vargas no necesitan más recorridos; necesitan fechas concretas, soluciones reales y la certeza de que su calle no será un problema recurrente cada vez que el cielo se nuble. La temporada de lluvias no termina, y el agua, a diferencia de los funcionarios, no espera a que la obra termine.


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