La inteligencia artificial y los robots humanoides reconfiguran la economía global, impulsando a China y a países mineros como Chile. Paralelamente, México muestra su peor cara: el PIB per cápita cayó 0.4% entre 2018 y 2025, mientras el mundo creció 12%. Mexconomy acumula datos del Banco Mundial y Barclays.

Mexconomy — Mientras la economía mundial se reconfigura a través de la inteligencia artificial física y la guerra por los semiconductores, México atraviesa una década de estancamiento silencioso que lo ha llevado a perder posición relativa frente al resto del planeta. Esta es la doble realidad que arroja el expediente acumulado de La nueva economía global: por un lado, la carrera tecnológica acelera en Asia con 24 millones de robots humanoides proyectados para 2035; por el otro, el país que alguna vez estuvo a la par del promedio mundial hoy se encuentra un 12% por debajo, según los datos más recientes del Banco Mundial.

El informe de Barclays confirmó que China necesitará desplegar ese ejército de silicio para compensar la pérdida de 37 millones de trabajadores en la próxima década. La caída en los costos de fabricación, que ya sitúa a robots como el R1 de Unitree en apenas 5.900 dólares, ha convertido a la automatización en una tabla de salvación demográfica. Pero esta revolución no ocurre en el vacío: exige cantidades ingentes de cobre, tierras raras y energía, lo que convierte a países como Chile, Perú e Indonesia en los grandes ganadores indirectos de la nueva fiebre del silicio. Mientras tanto, la demanda de chips especializados y memorias HBM desborda la capacidad de TSMC, Samsung y SK Hynix, revelando que el cuello de botella ya no es solo el diseño, sino la manufactura física más avanzada del mundo.

Frente a este torbellino global, la evolución del PIB per cápita en México ofrece un contraste demoledor. Entre 2018 y 2025, el ingreso por habitante en el país cayó marginalmente un 0.4%, pasando de 10.296 a 10.256 dólares constantes de 2015. En el mismo lapso, el promedio mundial saltó de 10.822 a 12.130 dólares, lo que representa un crecimiento acumulado del 12%. La brecha, que en 2018 era prácticamente nula (0.5% a favor del mundo), se ha ensanchado hasta alcanzar un diferencial negativo de 12.5 puntos. Peor aún, la región de América Latina y el Caribe creció un 6.2% en el mismo periodo, reduciendo drásticamente la ventaja histórica que México mantenía sobre sus vecinos.

Los datos del Banco Mundial también verifican el comportamiento desigual durante las crisis. En la pandemia de 2020, el PIB per cápita de México se desplomó un 9.1%, mientras la caída global fue del 3.8%. La recuperación posterior fue asimétrica: el mundo superó su nivel prepandemia en 2021, pero México no logró recuperar el techo de 2018 hasta 2024, y en 2025 ya muestra una nueva corrección a la baja. Este patrón, que ya se había observado en la crisis de 2009, confirma una tendencia larga de vulnerabilidad estructural frente a los choques externos, documentada por Mexconomy en su seguimiento a la gestión de la denominada 4T.

El expediente acumulado contradice cualquier intento de minimizar estos indicadores bajo el argumento de la desigualdad interna. Si bien es cierto que el PIB per cápita no refleja la distribución del ingreso, su utilidad para comparar la evolución de un país consigo mismo y con el resto del mundo es insustituible. La pérdida de más de 30 puntos de posición relativa en dos décadas —desde la ventaja del 11% en 2007 hasta el rezago actual del 12%— no es una percepción ideológica, sino un dato duro que se alinea con el estancamiento de la productividad y la inversión en el país.

Mientras la inteligencia artificial y la robótica reescriben las reglas de la producción global en China, Estados Unidos y Europa, México permanece anclado en una trampa de bajo crecimiento que lo desconecta de las principales dinámicas del siglo XXI. La brecha con el mundo no es un accidente coyuntural, sino el reflejo de una década perdida en la que el país no supo aprovechar el dividendo tecnológico ni la relocalización de cadenas de suministro. Si la tendencia larga no se modifica, el legado para la próxima década será un país más pobre, más desigual y definitivamente rezagado frente a la nueva economía global que ya está en marcha.

Para más información: México vs. Mundo, América Latina y Norteamérica (2018–2025)
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