Un ataque con un vehículo cargado de explosivos contra una mezquita cercana a un complejo policial en Kohat, provincia de Khyber Pakhtunkhwa, dejó al menos 21 muertos y 80 heridos, en su mayoría policías que oraban en el lugar. Tras la explosión se produjo un enfrentamiento en el que murieron seis agresores. El atentado ocurre en medio de un repunte de violencia insurgente en la frontera con Afganistán.

PAKISTÁN — La violencia insurgente volvió a golpear con brutalidad el noroeste de Pakistán. Una potente explosión sacudió este viernes una mezquita ubicada cerca de un complejo policial en Kohat, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, dejando un saldo devastador de al menos 21 personas muertas y otras 80 heridas. La mayoría de las víctimas eran agentes de policía que se encontraban en el templo durante las oraciones, un momento de recogimiento que se convirtió en una trampa mortal.

De acuerdo con las autoridades locales, el ataque fue ejecutado por un agresor que embistió con un vehículo cargado de explosivos contra la mezquita, mientras varios hombres armados intentaban ingresar al complejo policial. La detonación fue seguida de un intenso enfrentamiento con las fuerzas de seguridad, en el que seis de los atacantes murieron. Las imágenes difundidas por medios locales muestran escenas de caos, con ambulancias trasladando a los heridos a hospitales de la zona, algunos de ellos en estado crítico.

El atentado ocurre en un contexto de creciente inestabilidad en la región fronteriza con Afganistán, donde grupos insurgentes han intensificado sus acciones en los últimos meses. Khyber Pakhtunkhwa, antiguo bastión de los talibanes paquistaníes, ha sido escenario de múltiples ataques contra instalaciones de seguridad y objetivos civiles, lo que ha puesto en alerta a las autoridades y ha generado un clima de incertidumbre entre la población. El gobierno de Pakistán no ha emitido aún un pronunciamiento oficial sobre la autoría del ataque, aunque los indicios apuntan a milicias vinculadas a redes yihadistas que operan en la zona.

La comunidad internacional ha condenado el atentado y expresado su solidaridad con las víctimas, mientras las fuerzas de seguridad paquistaníes mantienen un operativo en los alrededores de Kohat para descartar nuevos focos de violencia. Este nuevo episodio de sangre subraya la fragilidad de la seguridad en una región que lleva décadas sumida en un conflicto que no encuentra tregua. Mientras los hospitales atienden a los heridos y las familias lloran a sus muertos, la sombra del terrorismo vuelve a planear sobre Pakistán.

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