El Ayuntamiento de Puebla, encabezado por Pepe Chedraui, modernizó 101 luminarias en la colonia Alseseca y alcanzó el 100% de cobertura LED en esa zona. Con 40 mil 383 luminarias intervenidas en total, el gobierno municipal presenta la sustitución de tecnología como transformación urbana.

PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — Hay actos que, vistos de cerca, revelan más de lo que pretenden ocultar. El gobierno municipal anunció la modernización de 101 luminarias en la colonia Alseseca, con lo que esa zona alcanza el 100 por ciento de cobertura con tecnología LED. El comunicado lo presenta como un paso en la "transformación de la infraestructura urbana" y en la "construcción de una Puebla Capital mejor iluminada y más segura". La pregunta que surge, inevitable, es si cambiar focos es gobernar.

La colonia Alseseca, según el propio comunicado, presenta un "índice de rezago social bajo". Es decir, no es una zona marginada, no es un pueblo en el olvido, no es un territorio donde la ausencia de Estado sea una emergencia. Es una colonia con servicios, con calles, con alumbrado previo. Modernizar sus 101 luminarias no es un acto de justicia social: es mantenimiento. La Secretaría de Servicios Públicos también realizó 19 mantenimientos correctivos, un dato que revela que el sistema ya existía y funcionaba, aunque con tecnología anterior. No se iluminó la oscuridad: se cambió el tipo de luz.

El secretario Clemente Gómez Medina declaró que estas acciones responden al compromiso del alcalde de "mantener una atención permanente a las necesidades de las colonias". La frase, leída con calma, no dice nada. ¿Qué necesidad tiene una colonia con rezago bajo cuyo problema es que sus luminarias son AMC en lugar de LED? La respuesta, si se busca con honestidad, es que ninguna. El problema no era la oscuridad: era la tecnología. Y la tecnología, en el discurso municipal, se ha convertido en sinónimo de progreso.

El dato global es elocuente: 40 mil 383 luminarias modernizadas. Un número que impresiona, que se repite en boletines, que alimenta la narrativa de una ciudad en transformación. Pero ¿cuántas de esas luminarias estaban fundidas? ¿Cuántas colonias siguen a oscuras? ¿Cuántas calles sin pavimentar, sin drenaje, sin agua potable esperan su turno mientras el gobierno presume focos nuevos? La modernización del alumbrado es, sin duda, una mejora. Pero cuando se convierte en el logro central de una administración, revela una pobreza de ambición que la información no alcanza a disimular.

Iluminar una colonia de rezago bajo con LED es una operación estética. Hace que la ciudad se vea mejor en las fotografías nocturnas. Reduce el consumo eléctrico. Cumple con una meta de gobierno. Pero no resuelve la desigualdad, no crea empleo, no mejora el ingreso, no atiende la violencia, no dignifica a los pobres. Es, en el mejor de los casos, una mejora cosmética. Y en el peor, una cortina de humo: mientras se cambian focos en Alseseca, las colonias populares siguen esperando lo que de verdad importa.

La filosofía de Pepe Chedraui que se desprende de este manenimiento a luminarias es la de la gestión mínima presentada como épica. Cambiar un foco es un acto técnico; presentarlo como transformación es un acto retórico. Y la retórica, cuando sustituye a la obra pública sustantiva, se convierte en una forma de omisión. La ciudad no se ilumina con LED: se ilumina con decisiones que atiendan las causas de la oscuridad. Lo demás es decorado.

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