Autor:
Horacio De la Cruz
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El Senado analiza la cancelación del ascenso y descenso en el fútbol mexicano: una decisión que beneficia a los dueños de los clubes y condena a jugadores de segunda división a salarios desplomados, falta de incentivos y el riesgo del amaño de partidos.

El balón ya no rueda igual. Donde antes había una cancha con reglas, hoy hay una mesa de dueños decidiendo quién sube, quién baja y quién se queda cómodo en la primera división sin mover un dedo. La cancelación del ascenso y descenso en el fútbol mexicano dejó de ser un asunto deportivo para convertirse en lo que siempre fue: un negocio privado con consecuencias públicas. En el conversatorio "Fuera de lugar: ¿por qué es injusto cancelar el ascenso y descenso en el fútbol?", organizado por el coordinador de Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda Hoeflich, quedó retratado el eje del conflicto: una cúpula de propietarios que blindó su inversión frente a una base de jugadores, entrenadores y aficionados que pagan el precio.

La diputada Amancay González Franco lo puso sin rodeos: cuando perder no tiene consecuencias y ganar no abre la puerta a nada, la cultura del esfuerzo se desmorona. El mensaje que se instala es que para avanzar solo cuentan el dinero y los contactos. El periodista David Faitelson calificó la abolición como un acto de injusticia que desprestigia al fútbol nacional y recordó lo evidente: la medida se tomó sin consultar a los aficionados, esos que llenan los estadios y sostienen el espectáculo. Natalia León amplió el foco hacia los efectos colaterales que ya encendían alarmas: recursos ilícitos, apuestas deportivas y amaño de partidos, todos fenómenos que florecen cuando el incentivo deportivo desaparece y solo queda el negocio.

El abogado Darío del Real Campos abrió la puerta jurídica: los organismos deportivos no pueden escudarse en su naturaleza privada para quedar fuera del análisis constitucional cuando sus decisiones afectan derechos. El presidente del Cancún FC, Giovanni Solazzi, fue más directo: la cancelación no fomenta el desarrollo de talentos, fomenta "la mediocridad". Los directivos de los clubes afectados coincidieron. José Luis Cendejas, del Club Atlético Morelia, exigió quitar los intereses que obstaculizan el desarrollo. José Alberto Castellanos Gutiérrez, de Leones Negros, recordó que el ascenso y descenso es uno de los principios que sostienen la pirámide mundial del fútbol. El jugador Roberto Galán de Morales advirtió que el Senado tiene en sus manos la oportunidad de reinstalar ambos mecanismos antes de que el daño sea irreversible.

La exfutbolista Ana Paola López Yrigoyen puso el dedo en la llaga laboral: solo los dueños se benefician del oligopolio. Sin ascenso, los clubes de segunda división no invierten, no tienen exposición ni patrocinios, y los salarios de los jugadores se desploman. La segunda división se convierte en "tierra fértil" para las apuestas ilegales y el amaño de partidos. El exjugador y técnico Alfonso Sosa Cisneros cerró el diagnóstico con una metáfora que retrata el fondo del asunto: sin descenso, la primera división entra en "zona de confort"; sin ascenso, se elimina el "premio mayor" de la segunda. El debate está abierto. El Senado tiene la pelota en su cancha.

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