La secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, pasó de reportar ingresos por 10.2 millones de pesos en 2021 a 1.8 millones en 2026, pero su vida de lujo —anillos de hasta 900 mil, relojes de 140 mil, viajes en avión privado y yate— se ha multiplicado. Ella dice que todo es previo y está en su declaración. La declaración dice otra cosa.
REGIÓN GLOBAL — Las cifras no mienten, pero tampoco explican la imagen que Josefina Rodríguez Zamora ha construido en redes sociales y en fotografías públicas. En 2021, cuando era secretaria de Turismo en Tlaxcala, declaró ingresos anuales por 10.2 millones de pesos, producto de su actividad restaurantera. Tres años después, ya como secretaria de Turismo federal, reportó 3.2 millones. En su última declaración, correspondiente a 2026, la cifra se desplomó a 1.8 millones: solo su salario público. Cero ingresos empresariales. Cero inversiones. Y sin embargo, las joyas, los relojes, los vestidos de diseñador, las zapatillas de 17 mil pesos, los viajes en avión privado, las estancias en hoteles de lujo en la Riviera Maya, el acceso a zonas VIP del Gran Premio de México y las fotografías a bordo de un yate no han dejado de aparecer. Algo no cuadra.
La secretaria dijo esta semana que “ningún bien material de mi propiedad ha sido adquirido con recursos públicos” y que todo está reflejado en sus declaraciones patrimoniales. Pero la declaración de 2026 no registra joyas, ni inmuebles, ni obras de arte. Solo un automóvil BMW X2 2019, comprado al contado por 636 mil pesos. Los anillos de diamantes que ha mostrado —cuyo precio puede alcanzar los 900 mil pesos— no están ahí. Los relojes de 140 mil pesos no están ahí. Los vestidos de 30 mil, las zapatillas de 17 mil 500, los mocasines y lentes de su prometido, Iván García Juárez, por 30 mil pesos, no aparecen. Tampoco los Rolex de hasta 400 mil pesos que él ha portado. La contradicción es frontal: dice que todo está declarado, pero la declaración no los contiene.
A esto se suma el papel de su hermano, José David Rodríguez, quien gestiona sedes y patrocinios con gobiernos estatales para Mega Derby Intercontinental, una empresa privada dedicada a los circuitos de peleas de gallos y apuestas más grandes del país. Rodríguez Zamora se deslindó de él: “Cualquier persona que tenga una relación conmigo debe responder por sus propios actos”. Pero la pregunta persiste: si su patrimonio se construyó antes del cargo y con recursos familiares, ¿por qué su declaración patrimonial no refleja esos bienes? ¿Por qué sus ingresos declarados se redujeron mientras sus lujos se multiplicaban? ¿Cómo es posible que una servidora pública que hoy gana 1.8 millones anuales tenga acceso a anillos de 900 mil pesos, relojes de 140 mil y viajes en avión privado?
La presidenta Claudia Sheinbaum, un día después del Segundo Informe de Gobierno, llamó a “todas y todos los servidores públicos” a gobernar con humildad, sencillez y sin extravagancias. No mencionó a su secretaria de Turismo, pero el mensaje llegó justo después de que se publicaran las fotografías y los precios. Rodríguez Zamora asegura que está “tranquila” y abierta a cualquier investigación. Su declaración no oculta nada, pero sus declaraciones patrimoniales no muestran lo que sus redes sociales exhiben. La transparencia no es un favor que se concede: es una obligación. Y cuando los números, las fotos y las declaraciones no coinciden, el espacio para la duda no es político, sino documental.


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